Es la natalidad, estúpidos, la natalidad

El gran problema que afecta a todo Occidente es la grave crisis demográfica, una crisis que nadie aborda y que va camino de acabar con todo

Mientras un émulo patético con disfraz de búfalo tomaba la sala de columnas del Capitolio, me vino a la cabeza para caer a los pies la frase de Tocqueville: “Estamos durmiendo sobre un volcán. Un viento de revolución nos golpea, la tormenta está en el horizonte”. El desencanto social, el populismo mórbido, la decadencia de los partidos políticos, el astigmatismo egoísta de quienes solo buscan el mantenimiento del poder, la asfixia pandémica o la erosión de la libertad individual en manos del gran Leviatán tecnológico, son únicamente alguno de los factores de la decadencia de toda una civilización. Pero entre tormentas de nieve nacionales y estrambotes distópicos en Estados Unidos, más propios estéticamente de una comedia a medias entre “Dos tontos, muy tontos” y “Borat” con taparrabos, el gran problema básico que afecta a todo Occidente es la grave crisis demográfica, una crisis que nadie aborda y que va camino de acabar con todo.

Volviendo al país de la película “Objetivo: la Casa Blanca”, en 1935, cuando el presidente Roosevelt instauró la Seguridad Social moderna en los Estados Unidos, allí había 52 trabajadores activos por jubilado. En la actualidad, tanto en EEUU como en casi todos los países desarrollados, nos enfrentamos a un ratio de solo 2 ó 3 a 1, con tendencia a evolucionar hacia 1,5 a 1 e incluso 1 a 1. Con unos 50 activos por pensionista, se pueden pagar unas pensiones de jubilación muy buenas con cotizaciones sociales muy bajas. Con 2 activos por pensionista (y no digamos con 1 por 1), las cosas pintan muy mal.

España también. El envejecimiento medio de los españoles, muy preocupante por su magnitud y ritmo de crecimiento, alcanza cotas muy elevadas en gran parte de España, y la edad promedio sigue creciendo a un ritmo aproximado de más de dos años por década. Por comunidades autónomas, Castilla y León es la región con más porcentaje de mayores de 80 años, no ya de España, sino de toda Europa, de un total de más de 200 regiones (NUTS 2, en la terminología de Eurostat). Asturias es la tercera, y Galicia es la quinta. Por provincias o equivalentes (las regiones NUTS 3, en la terminología de Eurostat) con al menos 100.000 habitantes, que son más de 1.500 en total en Europa, Orense es las que cuenta con mayor porcentaje de personas con 65 años o más, y Zamora es la segunda. Son récords alarmantes.

Una España vaciada por la vejez

No se entiende que en el movimiento en torno al problema de "la España vacía" apenas se hable de la natalidad como una de las claves de la despoblación, y como un elemento fundamental con el que tratar de revertir la despoblación, cuando a nivel provincial contribuye más que la emigración a la pérdida de habitantes. En 2019, En todas las provincias con emigración neta de población nacida en España se perdió más población por falta de nacimientos respecto al nivel de reemplazo (2,1 hijos por mujer) que por emigración. En todas ellas, de haberse tenido al menos 2,1 hijos por mujer, se habría compensado la merma de población nacida en España por emigración neta.

Como curiosidad, en los últimos diez años de la vida de Franco se disparó la natalidad adolescente (que siguió creciendo durante varios años cuando ya había empezado a disminuir el número total de nacimientos, lo que ocurrió desde 1977). La Transición sociológica empezó mucho antes de morir Franco. También se adelantó la edad de casarse y tener hijos en los felices años del desarrollismo. Lo de ahora es otra cosa. No solo nacen un 45 por ciento menos niños que entonces, sino que cada vez tenemos los hijos más mayores. El balance de esta evolución es demoledor: en enero de 1976 había en España 2,5 menores de 21 años por cada persona con 60 años o más. A comienzos de 2018 había solo 0,8 menores de 21 por cada persona con 60 o más. Veinte años más tarde, en 2038, la relación será de 0,5 a 1, según las proyecciones de población a largo plazo del INE. Para entonces, todos estaremos en un banco, los lunes al sol, a salvo de que tomemos conciencia de la gravedad de la situación o de que la robótica nos acabe convirtiendo en una sucursal del IMSERSO en Benidorm.

Continúa leyendo