España, años cuarenta. Una visión histórica

La cuarentena y el confinamiento por la pandemia de coronavirus y sus consecuencias están llevando a muchos a buscar comparaciones históricas con episodios del pasado. No todas son acertadas.

Cuarentena en Madrid
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Abundan en estos tiempos de meditación confinada las reflexiones de puntapié, los diagnósticos de repetición y, ante todo, los análisis irreflexivos y emocionales. En una situación extraordinaria, no deja de haber oráculos y visionarios que vienen a dar lecciones sobre lo que fue, lo que es y lo que será la crisis una vez que tomemos la curva de salida del colapso sanitario. Además, surgen inevitablemente las comparaciones de lectura rápida, entre las cuales, en los últimos días, he leído algunos ejercicios pseudointelectuales que aspiran a testar la situación actual con la de la Guerra Civil en España. 

No niego que algún parámetro podría ser susceptible de contraste, pero el escenario interno y externo es sensiblemente diferente. Ni la situación económica de partida, ni la estructura productiva española de ambos momentos históricos, ni el impacto global de la política monetaria, ni el grado de integración supranacional de nuestro país ahora, y entonces lastrado por la autarquía económica y social, y, ni siquiera, el juego de partidos políticos en cada época, pueden ser comparables. Sin duda, en ambos casos hay un shock de oferta y un shock de demanda simultáneo que se retroalimentan en una situación de disrupción plena, si bien el problema es mundial, sistémico, aunque también asimétrico, habida cuenta del coste que en términos sanitarios está teniendo en cada país.

El problema actual es mundial, sistémico, aunque también asimétrico, habida cuenta del coste que en términos sanitarios está teniendo en cada país.

De partida, y con el objetivo de describir lo que ocurrió en los años 40 en España, es preciso distinguir dos planos temporales que proyectan consecuencias diferentes. El primer plano, y en eso no hay diferencia respecto a la situación presente, nos obligaría a llevar a cabo una valoración del coste económico de la crisis sanitaria en el momento en que se está produciendo, y, en una segunda escala, realizar una estimación de los efectos económicos a corto, medio y largo plazo. Del mismo modo, no es indiferente en el análisis económico de partida, y también en este trance no hay diferencias respecto al examen de situación, determinar qué modelo de organización política y económica postula el Gobierno responsable de la reconstrucción.

La importancia del Gobierno para salir de la crisis

De hecho, si se toma como fuente de comparabilidad lo que ocurrió en los países europeos tras la Segunda Guerra Mundial, en el resto de Europa surgieron sistemas políticos basados en valores democráticos avanzados y en derechos económicos y sociales, bajo el mandato de Gobiernos reformistas con una generación de grandes líderes políticos. No fue, obviamente, este el camino que siguió nuestro país donde la fractura no se cerró por un pacto social más o menos explícito, sino que el nuevo régimen se fundó sobre la base de la imposición de los dogmas del ganador.

En la etapa sombría de la posguerra española, el nuevo Gobierno impuso un modelo que neutralizaba categóricamente los axiomas fundamentales del sistema económico liberal. El conglomerado de los vencedores era afín a modelos de comportamiento económicos de carácter preliberal, aislacionista, estatalista, neogremialista y autarquizante. Con esta amalgama de principios caducos, el nuevo régimen pretendió construir un nuevo sistema económico que desdeñaba los progresos básicos de la ciencia económica. De hecho, fue el mismo Franco el que llegó a pronunciar la siguiente frase: "Anuncio que la experiencia de nuestra guerra tendrá que influir seriamente en todas las teorías economías defendidas hasta hace poco como si fueran dogmas". Paradojas de los dogmas. 

En términos de pérdidas de vidas humanas y el espectro de población sobre el que se cierne la calamidad actual conserva grandes diferencias, incluso de distribución de sexo, entre aquella etapa y esta.

En aquella época, además del coste directo por devastación provocado por el desarrollo de la Guerra Civil, hay que evaluar algunos costes ulteriores tales como el debilitamiento institucional, que en voz de Martín Aceña era un "desquiciamiento institucional", la liquidación del capital humano o la pérdida de población activa joven. Todos estos costes son de difícil cuantificación práctica, pero resumen de modo explícito algunos de los estragos de salida de la crisis. Es evidente que el coste en términos de pérdidas de vidas humanas y el espectro de población sobre el que se cierne la calamidad actual conserva grandes diferencias, incluso de distribución de sexo, entre aquella etapa y esta.

La Guerra Civil consumió las reservas del Banco de España, pero también buena parte del ahorro privado, asolado durante los años de la contienda y diezmado por la inflación. No obstante, hubo sectores económicos que mitigaron relativamente el efecto devastador de la guerra. Así, el sector pesquero, parte del sector agrícola (el olivar y los cítricos), la minería y la industria, especialmente vasca, recuperó pronto su capacidad productiva, al igual que las pérdidas de ganado de labor y de renta, con ser estimables, recuperaron fácilmente niveles razonables de producción.

En el plano de las comparaciones históricas, conviene también recordar que el mundo se sume en una gran Guerra Mundial, y que las devastaciones experimentadas por los principales países en el conflicto fueron notoriamente mayores que las padecidas por España. El PIB de 1945 en Austria retrocedió a niveles de 1886, en Francia a niveles de 1891, en Alemania a niveles de 1908, en Italia a niveles de 1909 o en los Países Bajos a niveles de 1912. En el caso de España, en cambio, el PIB de 1939 había retrocedido al correspondiente a 1922. En cambio, la recuperación económica del resto de países europeos fue sensiblemente más rápida que en España que necesitó doce años para lograr la recuperación de su máximo nivel de preguerra. Austria recuperó su máximo nivel de PIB de preguerra en 1951, Francia en 1949, Alemania en 1951, Italia en 1950 y Países Bajos en 1947. 

Las diferencias demográficas también son notables

El ultimo efecto inducido en tiempos de posguerra es el que afecta a la natalidad. Pues bien, en España se produjo un descenso brusco de las tasas de fecundidad y de natalidad durante los años 1941 y 1942. A diferencia del resto de Europa donde la consagración de la paz provocó un florecimiento del optimismo y, por ende, alumbró un "baby boom", en España, la carestía y las perspectivas del nuevo sistema político provocaron un retraimiento de los índices demográficos.

En la España opulenta de antes de la crisis sanitaria ya existía un hundimiento sin precedentes de la tasa de natalidad que, previsiblemente, se verá agravado estructuralmente a la salida de la misma. Un efecto inducido más de una situación que invita al esfuerzo y al compromiso con la libertad de cada uno, en un momento en que se nos pone a todos a prueba. Mientras tanto, apelar a la responsabilidad de los análisis y de las valoraciones para evitar conclusiones erróneas. Es difícil en momentos históricos de pensamiento rápido pero hemos de intentarlo. 

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