A VUELTAS CON LA ESTRATEGIA

Geopolítica y Estrategia de Negocio

Desde el 11S la interconexión entre relaciones internacionales y la actividad de las multinacionales cada vez es más estrecha, aunque no siempre se le da la importancia debida a nivel empresarial

El presidente de Estados Unidos Donald Trump se reúne con empresarios en la Casa Blanca / GTRES

Con el impacto del 11S, la geopolítica irrumpió abruptamente en la vida empresarial del siglo XXI. Han pasado casi 20 años y sigue estando incrustada en los procesos de toma de decisiones corporativas, tal y como recientemente se puso de manifiesto con el caso de Huawei en EEUU o con la orden de Trump a las empresas estadounidenses para abandonar China. Sin embargo, aunque entre las principales preocupaciones de los directivos se encuentran las incertidumbres geopolíticas (e.g.: PWC-22nd Annual Global CEO Survey y A.T.Kearney 2019 FDI Confidence Index), los trabajos sobre la vinculación entre la prospectiva geopolítica y la formulación de estrategias corporativas son limitados.

La volatilidad en el precio del crudo, resultado de los conflictos regionales en Oriente Medio y la rivalidad Irán-Arabia Saudí, las incertidumbres del Brexit, el impacto de los flujos migratorios en la estructura social y política de la Unión Europea, las dificultades para los acuerdos comerciales transoceánicos y norteamericanos tras la llegada de Trump a la presidencia de EEUU y su retirada del acuerdo nuclear con Irán, o las tensiones en el Mar del Sur de China, por el que transitan el 64% del comercio marítimo de China y el 42% de Japón, son solo algunos de los factores geopolíticos que condicionan el desarrollo de los negocios, tanto en empresas de gran dimensión y ámbito multinacional como en las de tamaño más reducido y horizonte comercial incluso doméstico.

Con el incremento de los costes salariales y de la demanda interna en los países tradicionalmente manufactureros, como China, y con el avance de la digitalización y la Industria 4.0, las cadenas globales de aprovisionamiento podrían ahora estar perdiendo fuerza estratégica frente a un posicionamiento más regional e, incluso, tendiendo a una cierta relocalización ("glocalization"). En Asia y Europa la mayor parte del comercio ya es intrarregional, y la proporción ha venido aumentando desde 2011. Mientras que las reglas globales de comercio se ven amenazadas, un mosaico de acuerdos regionales y esferas de influencia afirman su control sobre el comercio y la inversión. Según The Economist (enero 2019), en 2018 la inversión china en Europa y América cayó un 73%, y el valor global de la inversión transfronteriza de las multinacionales se redujo en aproximadamente un 20%.

La importancia de la diversidad cultural

En paralelo, la crisis de 2007 y la aceleración tecnológica han propiciado una reconfiguración de la globalización que ha supuesto, no solo su ralentización (“slowbalization”) sino, también, evolucionar del modelo de comercio post Segunda Guerra Mundial, en el que se buscaban economías de escala a través de la uniformidad internacional, a uno más sofisticado que considera las diferencias culturales, históricas y religiosas como factores clave de éxito. No obstante, los equipos directivos de muchas multinacionales siguen sobreestimando el nivel de globalización del mundo, lo que supone una infravaloración de la necesidad de entender profundamente las diferencias entre los países en los que operan. 

En este contexto parece evidente que las teorías de Halford John Mackinder deberían ser claves en la formulación estratégica de las empresas. Probablemente la coincidencia del 11S con la bancarrota de Enron en diciembre de ese mismo 2001, hizo que los desarrollos corporativos posteriores se focalizaran en el área de la gestión integral de riesgos, relegando el factor geopolítico a un segundo plano. Así mismo, la progresiva reducción en los horizontes de planificación estratégica corporativa viene limitando drásticamente la visibilidad necesaria para construir una visión geopolítica de los futuros posibles.

En cualquier caso, las grandes empresas se verán cada vez más atrapadas en el fuego cruzado del nuevo orden mundial, lo que pondrá a prueba los modelos de negocio tradicionales que vienen aprovechando la progresiva libre circulación de mano de obra, bienes y capital. Para que las actuales multinacionales prosperen en ese futuro marco global será necesario un replanteamiento de su presencia en el mundo, de sus sistemas de gobernanza y de sus modelos de planificación a largo plazo de forma que los factores geopolíticos sean considerados adecuadamente en la formulación de las estrategias de negocio. Solo de esa manera se asegurará su robustez (capacidad de aprender, monitorear, anticiparse y responder) ante escenarios cuya probabilidad es difícil de estimar, pero cuya ocurrencia supondría un elevado impacto en los resultados de las compañías.

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