¿Hacia una huelga de sexo en España? Los costes/beneficios de una vida sin Gobierno

En 2011, ante la falta de acuerdo político para formar Gobierno, en Bélgica surgieron distintas iniciativas de protesta social que no se podrían reproducir en España

El exprimier ministro belga Yves Leterme (derecha) y el socialista Gerolf Annemans en el Parlamento Belga el 29 de abril cuando cayó el ejecutivo de Leterme y se abrió un periodo de más de un año sin Gobierno. // GETTY

Mientras en el verano de 2011 el rey Alberto II de Bélgica se afanaba porque las organizaciones políticas de su país formasen un Gobierno permanente tras meses de parálisis y desacuerdos, un grupo de belgas propuso como forma de presión, o bien de depresión, una "huelga de sexo" para incitar a la constitución definitiva de un nuevo ejecutivo, e incluso los hubo que instaron a la movilización social por la vía de dejar crecer sus barbas como síntoma de su inconformismo y de su hartazgo. No parece que España vaya a renunciar al sexo, aunque no puede descartarse la solución capilar.

Por básico que parezca, la alineación vertical de un sistema de organización política parte de la existencia misma de un Estado, a partir del cual, y división de poderes mediante, se forma un Gobierno de cuya iniciativa emerge un presupuesto que es aprobado por un Parlamento. Estado/Gobierno/Presupuesto. En circunstancias de atonía e hipertrofia institucional el Gobierno pasa a ser un mero instrumento de ejecución de un presupuesto prorrogado, de modo que el ordenamiento de los factores queda reducido a dos: Estado/Presupuesto prorrogado. A la sazón, y con ironía, una nueva forma de democracia, la democracia prorrogada con Gobierno en funciones. No en vano, y llevado hasta sus últimas consecuencias, cabe reconocer que cabe una Administración sin Gobierno, frente a los que, en otro orden de magnitud, acaban formando Gobiernos sin Administración.

Fue el 17 de febrero de 2011 cuando la portada del diario belga De Standaard titulaba "¡Al fin campeones del mundo!". No habían ganado la Copa del Mundo de fútbol, y eso que ya debía jugar en cadetes Eden Hazard, pero es que, progresivamente, iban batiendo el récord de período necesario para la elección de Gobierno: primero, superaron a Holanda que tardó 208 días en formar Gobierno en 1997, para rebasar ampliamente primero a Irán y luego a Camboya que ostentaba el récord con 353 días. El cronómetro se cerró a los 541 días. Y paradojas de la estabilidad o de la inestabilidad, la economía en Bélgica crecía más del 2% en el intervalo de interinidad mientras que España perdía riqueza nacional y el PIB de la Eurozona crecía por debajo del 2% en el mismo periodo. A su vez, el paro en Bélgica descendía durante esta etapa mientras en España se disparaba por encima del 20%. Por el contrario, una rebaja de la calificación de S&P de AA+ a AA finalizó con el ensalmo de la parálisis forzando a los partidos a conformar un ejecutivo con una gran coalición de seis fuerzas políticas. Un ejemplo de que la política económica puede llegar a ser un género de la literatura camuflado en el tamiz de la ciencia.

Un presupuesto prorrogado puede ser mejor que un presupuesto inadecuado

Ya se notan los efectos de la falta de gobierno

Cierto es que un presupuesto prorrogado puede ser mejor que un presupuesto inadecuado, pero tampoco puede ser mejor que un nuevo presupuesto adaptado a las circunstancias económicas endógenas e internacionales. La desactualización en España de las medidas de política económica en una economía menguante que ha reducido drásticamente su ritmo de crecimiento (0,7% en el primer trimestre del año a apenas 0,4% en el tercer trimestre), la moratoria política por imposibilidad de poner en marcha nuevas reformas estructurales y un presupuesto congelado, ya han tenido un efecto inducido de pérdida de dos décimas de PIB y hasta 200.000 empleos, de acuerdo con los estudios realizados por BBVA Research y el Colegio de Economistas.

El nudo que oprime a nuestro país fue descrito por S&P a mediados del mes de septiembre, que mejoró su nota-país de España, como un “mix” entre resiliencia económica y estancamiento político. El fin de la cadencia rutinaria del bipartidismo reemplazado por el advenimiento del multipartidismo, con nula cultura política del pacto, anticipa un nuevo tiempo de incertidumbre. La atrofia institucional tiene como primera víctima la pérdida de confianza de la inversión internacional, pero también de la nacional, pues acaba yugulando las necesidades que van surgiendo a un presupuesto impertinente. Y no por inejecución, pues las tasas de ejecución presupuestaria son muy similares a las que existen con un Gobierno sin limitaciones lo que desmonta la tesis del Gobierno actual de la incapacidad de gestionar ciertos créditos (financiación autonómica y local), sino por la de inadaptación.

Pensiones, retribuciones de empleados públicos, gasto sanitario, dependencia, nuevo gastado discrecional en infraestructuras y transporte, nuevos retos energéticos y medioambientales, nuevos recursos comunitarios. Todas estas políticas de gasto público evolucionan en función de la demanda efectiva y de factores de toda índole, sin que quepa inmutar el presupuesto. Pero para ello se necesita un vehículo con faros, con luces cortas y con luces largas. España busca vehículo antes de darse a la abstinencia sexual.

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