"Intermediarios" y "grandes superficies", chivos expiatorios de los agricultores

La complejidad de la situación del sector agrario no se debería reducir a señalar culpables sin analizar todos los aspectos del problema

Campo
Prensa Unión de Uniones

El chivo expiatorio es ese animal, persona o grupo a los que se hace "culpable" de algo que sirve de excusa para el que inculpa; también se utiliza la figura del "cabeza de turco" para describir esa situación; ambas denominaciones tienen raíz religiosa. La ventaja del "chivo expiatorio" es que permite culpar con facilidad y rotundidad, no resuelve el problema, incluso puede agravarlo, pero redime a la víctima de responsabilidad y le evita preguntas más incómodas y exigentes. 

Estos días asistimos a un fenómeno típico del "chivo expiatorio" a cuenta de los problemas que plantea la caída de los precios agrarios en origen que es un fenómeno global en algunos productos y mercados. Los precios agrarios de productos tan esenciales como frutas, verduras, aceite, cereales... están sometidos a estacionalidad, a vaivenes climáticos, a aranceles y demás avatares de la globalización. Todos son factores poco controlables y previsibles para los productores que se defienden con sistemas de seguro privado y público, con subsidios estatales diseñados con más o menos equidad y justicia y con mejoras de productividad por industrialización y automatización que reducen costes, con mayor dimensión de las explotaciones que mejoran la productividad, con innovación en los sistemas de cultivo, producción y distribución.

El transito del productor al consumidor

De todo lo anterior se ha hablado poco durante las jornadas de movilización de agricultores, las tractoradas que nos devuelven cierta épica agrarista que anida en el fondo de muchos corazones, especialmente de los que han huido del campo en busca de otras oportunidades; muchos de los que tras vaciar el territorio critican el vaciamiento.

Culpar a unos "intermediarios" no identificados ni descritos o a esas grandes superficies inclementes (a las que acuden diligentes y entregados muchos de los que las demonizan) es el camino más sencillo para explicar el problema sin contribuir a su solución. Pretenden que la naranja que cae de un árbol en Valencia llega a la mesa del consumidor de Lugo como un mensaje de texto que se envían dos amigos o parientes.

En el tránsito entre el productor y el consumidor de productos agrarios, que son perecederos en muchos casos, parece que no hay nada que no sean parásitos, intermediarios codiciosos, que solo añaden costes desmesurados en su propio beneficio. Si así fuera sería de fácil solución. Anular intermediarios sería una medida administrativa. 

El Gobierno y la complejidad de la situación

El presidente del Gobierno, sin pensar ni informarse, señaló días atrás a las grandes superficies como culpables de la crisis de precios agrarios, añadiendo su empatía con los agricultores, como si eso fuera noticia, se le supone empatía con todos los ciudadanos; la noticia estaría en una declarada antipatía. El ministro de Agricultura, más enterado y comedido dice que habrá que estudiar la cadena de valor agrario para analizar donde están las deficiencias. Entre medias el vicepresidente Social y su colega la ministra de Trabajo, que no han tenido oportunidad de estudiar el dossier de emocionados como están para resolver los problemas de la gente, apuntan a que habrá que subvencionar a los necesitados y perseguir (multar) a los abusones, a los que contratan mal.

La realidad es algo más complicada. España es una potencia agrícola que exporta a todo el mundo, que gana eficiencia y productividad cada año y que se enfrenta cada año con más competidores que producen tomates en Marruecos, cítricos en Sudáfrica, frutas en Sudamérica... con costes bajos ajustados a sus niveles de desarrollo. El saldo comercial agrario es positivo para el campo español de manera que la vía proteccionista es peligrosa aunque sea tentadora para algunos.

El saldo comercial agrario es positivo para el campo español de manera que la vía proteccionista es peligrosa aunque sea tentadora para algunos.

Y la cadena de valor de la comercialización es compleja. No hay evidencia de que los escalones hasta llegar a la mesa del consumidor sean abusivos, existen mercados con transparencia razonable, datos sobre los márgenes ajustados de mayoristas, almacenistas, transportistas y vendedores finales. Es evidente que para reforzar al productor de origen se precisa dimensión y poder de negociación, pero eso exige empresarios capaces. También una administración eficiente para garantizar el cumplimiento de las normativas, para evitar el fraude y para entender los procesos para proponer incentivos y dar facilidades a los que cumplen.

Lo que no ayuda es recurrir al "chivo expiatorio", confundir a la opinión pública y pintar como sencillo lo que es complicado. En el escándalo de costes de los productos agrarios puede que el sueldo del frutero final sea uno de los epígrafes más notorios, lo cual tiene lógica.   

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