La fiscalidad europea que viene

Un informe del Banco de España ha vuelto a abrir el debate sobre el sistema impositivo español, pero ¿cuáles son las prioridades de Europa?

Tras la publicación hace algunos días del Informe Anual 2019 del Banco de España, se agitó nuevamente el debate sobre una posible subida de impuestos en nuestro país. Cierto es que el Director General de Economía y Estadística del Banco de España, Óscar Arce, ha aclarado que "en ningún momento" se insta a subir impuestos "ahora mismo", ya que a corto plazo es "absolutamente esencial" mantener el impulso fiscal de apoyo a rentas, empresas y hogares más vulnerables, por lo que los cambios impositivos los proyectan una vez este "bien asentada" la recuperación.

No obstante, esta precisión se formuló a raíz de tener conocimiento del texto del dictamen en el que se señalaba que un "elemento distintivo" de la fiscalidad española "susceptible de reconsideración" es el "elevado nivel" de beneficios fiscales, derivados de la presencia de "numerosas" exenciones, deducciones y tipos especiales reducidos, que generan con frecuencia "pérdidas importantes" de recaudación y "distorsionan" la eficiencia y la equidad del sistema impositivo. 

Y Europa. La estrategia de la Unión en materia de política fiscal parte de reconocer que la facultad para introducir, eliminar o ajustar impuestos sigue en manos de los Estados miembros. Siempre que cumpla las normas de la Unión, cada Estado miembro es libre de elegir el sistema fiscal que considere más adecuado. En este marco, las principales prioridades de la política fiscal de la Unión son la eliminación de los obstáculos fiscales a la actividad económica transfronteriza, la lucha contra la competencia fiscal perjudicial y la evasión de impuestos, así como el fomento de una mayor cooperación entre administraciones fiscales para garantizar el control y combatir el fraude. 

Las prioridades tributarias de la Comisión

En este contexto, las prioridades de la Comisión en materia de armonización fiscal para los próximos meses son las siguientes:

  1. Modelo consensuado en materia de fiscalidad digital, lo que requerirá trabajar con la OCDE y el G20. En el supuesto de que no exista consenso internacional para finales del año 2020, la Unión Europea deberá tratar de adoptar un impuesto digital justo a nivel europeo. 
  2. Revisión de la Directiva sobre la tributación de la energía, con el fin de alinearla a las políticas comunitarias y acabar con los subsidios y ayudas destinadas a los combustibles fósiles. 
  3. Propuesta del denominado Impuesto sobre el Carbono en Frontera (Carbon Border Tax) que cumpla con las normas de la Organización Mundial del Comercio. Se trata de un impuesto por el que se gravaría, en frontera, las importaciones de productos producidos bajo estándares climáticos más bajos, de manera que nuestras empresas puedan competir en igualdad de condiciones. Es un impuesto, con objetivos deseables y teóricamente correcto, pero de muy complicado diseño y compatibilidad con las normas internacionales que regulan el comercio. 
  4. Sistemas fiscales más simples, claros y fáciles de aplicar. En este sentido, se deberá trabajar en la adopción de la CCCTB, base común del Impuesto de Sociedades. 
  5. Avanzar en la cooperación entre las autoridades nacionales en el IVA. 
  6. Desarrollo de medidas más eficaces para combatir los regímenes fiscales perjudiciales existentes dentro y fuera de la Unión Europea, incluyendo el uso de la lista de jurisdicciones no cooperativas
  7. Finalmente, se le requiere a que, con el fin de asegurar la consecución del progreso necesario, se haga uso de las disposiciones de los Tratados que permitan la elaboración de propuestas en materia fiscal que puedan ser adoptadas mediante el proceso de codecisión y de mayoría cualificada. 

Alemania tendrá mucho que decir en temas tributarios

A partir de estos antecedentes, y en plena presidencia alemana del Consejo de la Unión Europea, el análisis se debe centrar en las preferencias manifestadas por este país en los últimos tiempos. Alemania es firme defensor de la tributación mínima para las sociedades y parece lógico que lo trate de impulsar durante su presidencia. En este sentido la canciller alemana, Angela Merkel, ha señalado que Alemania intentará buscar un acuerdo sobre un impuesto a las transacciones financieras (FTT) y un impuesto mínimo de sociedades. También se refirió la canciller a otras figuras impositivas relacionadas con la fiscalidad medioambiental.

Alemania también es un firme defensor de un impuesto de sociedades mínimo, siendo, junto con Francia el impulsor de la tributación mínima global, que bajo el acrónimo de GloBE, se debate en la OCDE contando con un amplio apoyo dentro del G7. No está claro cómo se querrá establecer, si bien una opción que sería lógica es utilizar la vieja propuesta de la base imponible común consolidada (la conocida CCCTB) para introducir un impuesto mínimo. La CCCTB es una propuesta de Directiva, que lleva también mucho tiempo discutiéndose en la Unión, en este caso hay que remontarse al 2005, cuando se empezó a discutir en un grupo de trabajo ad-hoc. La propuesta implica que los Estados seguirían unas reglas comunes para el cálculo de la base imponible y se repartirían el impuesto de las multinacionales que operen en varios estados de la Unión, mediante una formula basada en las ventas, los activos y los sueldos de la empresa en su territorio. 

El impuesto sobre las transacciones financieras se debate en la Unión Europea desde el año 2011, en un principio se intentó adoptar por todos los Estados, pero dada la clara oposición de algunos como los nórdicos o el Reino Unido, se decidió, en el año 2013, pasar al procedimiento de cooperación reforzada, donde actualmente se debate por un grupo de 10 de los estados. Aun así, no ha sido posible llegar a un acuerdo sobre este impuesto, que año tras año pasa por las reuniones del Consejo donde parece que no hay una voluntad clara de adoptarlo. Habrá que seguir esperando. 

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