Lecciones de un ‘bot'

Los perfiles falsos en redes sociales se emplean a menudo con el objetivo de inflar la comunidad de determinadas empresas, organizaciones, profesionales para dar una imagen de fortaleza.

Pedro Sánchez en el Congreso
Gtres

Se ha hablado mucho de la presunta utilización de bots por parte del perfil de Facebook del Ministerio de Sanidad con ánimo de posicionar positivamente los contenidos publicados en su canal de esta red social influyendo, así, en la percepción de los usuarios acerca de la gestión de la crisis del COVID-19. De hecho, tal fue el ruido que se generó en las plataformas sociales que el propio Ministerio se vio obligado a emitir un comunicado afirmando ser víctima de una serie de perfiles falsos que ‘jaleaban’ sus contenidos. 

A raíz de esta comunicación nació una nueva hipótesis: se especulaba con que la ultraderecha, los grupos de presión, empresarios u otros actores contrarios al Gobierno, hubiesen ejecutado una campaña destinada a que los bots apoyasen los contenidos del Ministerio, con el objeto de posteriormente achacarles al propio organismo esta ‘oscura’ práctica y de este modo dejarle en entredicho.  

Fuese o no el propio gabinete de comunicación del Ministerio quien empleó estas técnicas, o fueren los detractores del Gobierno, lo cierto es que se tratan de prácticas muy extendidas. Estos perfiles, además de influir sobre la sociedad, se emplean a menudo con el objetivo de inflar la comunidad de determinadas empresas, organizaciones, profesionales, partidos y políticos transmitiendo con ello una imagen de fortaleza y comunidad. De hecho, dentro del panorama político español no son precisamente escasos los representantes públicos han ‘abombado’ su comunidad sirviéndose de perfiles falsos, como varios medios se han hecho eco en repetidas ocasiones. 

Se trata de un sistema que plantea dos grandes inconvenientes:

  • Son tácticas muy sencillas de detectar. Actualmente existen diversas herramientas para chequear la veracidad de los perfiles y establecer qué porcentaje atiende a seguidores falsos. Se puede proceder hasta a una revisión manual basándose en tres indicadores claros: desde cuándo existe el perfil, nivel de interacción, y su comunidad. Si existe desde hace poco, apenas ha actuado o su interacción es extraña (escasos contenidos plagados de faltas ortográficas o contenidos publicitarios, etc.) y apenas tiene comunidad, todo apunta a que, como se dice popularmente, “es más falso que Judas”. 
  • Lo  que es más relevante, es el daño moral que se produce. Quien se sirve de bots falsea y engaña a sus votantes, seguidores y detractores por igual. Independientemente de la capacidad de cada uno para verificar, creer e interpretar si los contenidos que consume están respaldados por ‘técnicas oscuras’, la realidad es que nos encontramos con una práctica que no hace sino minar brutalmente la confianza y credibilidad de los usuarios en todo causando, así, un grave perjuicio social.  

Y es que los bots no son sino una de tantas prácticas cuestionables con las que convivimos los ciudadanos actualmente. La industria de las fake news, la actuación de determinados medios cuya línea editorial o intereses suprime a menudo el espíritu crítico y su papel de ‘cuarto poder’, las encuestas sesgadas, datos oficiales edulcorados, las técnicas de clickbait… todo ello son armas que atentan día a día contra una estructura esencial de este sistema cada vez más inestable: la confianza. Un país, una población o una economía carente de confianza es más frágil que el cristal. 

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