A VUELTAS CON LA ESTRATEGIA

Legitimidad y cambio climático

Las empresas están teniendo dificultades para conciliar su estrategia con objetivos medioambientales que requieren planes a largo plazo

Jóvenes protestan en Washington DC contra el cambio climático / Getty

El pasado mes de Septiembre estuvo marcado por la cumbre del clima de Nueva York. Los objetivos medioambientales subyacentes tienen como horizonte temporal el 2030, 10 años, que se corresponde con lo que debería ser un horizonte mínimo de planificación estratégica para cualquier empresa que aspire a disponer de una visión de alcance. Sin embargo, en la última década, las compañías han ido reduciendo este horizonte en la medida que la reflexión estratégica se ha vuelto mucho más compleja y obliga a dedicar más tiempo y esfuerzos a su formulación. Además, en ocasiones, el proceso de formulación-implantación de la estrategia es incluso más largo que las actuales disrupciones de negocio, de forma que el ciclo estratégico también se estaría volviendo mas corto.

En este coyuntura, mencionar el 2050 como fecha objetivo para lograr la neutralidad en CO2 podría resultar anafiláctico para más de un ejecutivo, a pesar de que The Economist Intelligence Unit ha estimado que los daños causados por el clima, en un escenario de calentamiento extremo (+5°C) junto a un crecimiento económico más débil como el actual, podrían suponer 7 billones de dólares de pérdidas globales solo en activos de inversión (AUM). Una cifra mayor que toda la economía de Japón. Las pérdidas para los gobiernos serian mucho mayores. Así mismo, y resultado fundamentalmente de la percepción generalizada sobre la seguridad, el cambio climático supondrá también efectos geopolíticos que afectarán a los negocios y que solo un análisis estratégico desarrollado con base en un horizonte de largo plazo podrá afrontar.

Le planteaba recientemente a un “notable” de la estrategia empresarial la conveniencia de recuperar el largo plazo para disponer de la visión necesaria que permita prepararse para los posibles escenarios de futuro. No sin cierta displicencia, su respuesta fue que hoy en día es inviable plantearse una estrategia empresarial con un alcance mayor a 5 años.

 

Un cambio de era para las empresas

En consecuencia, de ser ciertas las consideraciones anteriores, podría resultar excesivamente ambicioso formular estrategias corporativas efectivas, con carácter proactivo y de anticipación, que contribuyan a alcanzar los objetivos medioambientales planteados (a 10 y 30 años). Pero los últimos datos presentados por el Fondo Monetario Internacional sobre la evolución reciente de los desastres naturales, como los publicados en When Disaster Strikes: Preparing for Climate Change, son obstinados. La situación global empeora. Y es aquí donde la legitimidad de las empresas está en juego. En la forma y profundidad con que estas enfrentan el cambio de era. La legitimidad en el sentido de David L. Deephouse: la adecuación percibida de una organización a un sistema social en términos de reglas, valores, normas y definiciones. Las empresas necesitan ganar y mantener legitimidad para sobrevivir en el antropoceno.

Numerosas organizaciones fracasan no porque sus productos no sean competitivos o por carecer de recursos, sino por su falta de legitimidad. En la encuesta del Real Instituto Elcano recientemente publicada sobre las preocupaciones de los españoles relativas al medio ambiente, el 97% considera que el cambio climático existe y el 56% que es una de las 2 principales amenazas a las que se enfrenta el mundo. El 37% de los encuestados considera que el cambio climático es la mayor amenaza y el 72% que las empresas son las causantes (“muy responsable”).

El último barómetro de confianza global refleja que el 76% de los encuestados, 11 puntos mas que en el barómetro anterior, consideran que los CEO´s deberían tomar el liderazgo en los procesos de cambio en lugar de esperar a que los gobiernos tomen la iniciativa. Específicamente, en los temas medioambientales la proporción es del 56%. Además, el 73% considera que las empresas podrían tomar acciones específicas para mejorar no solo sus resultados sino también las condiciones económicas y sociales en las comunidades donde operan.

 

Podría resultar excesivamente ambicioso formular estrategias corporativas efectivas que contribuyan a alcanzar los objetivos medioambientales planteados

Es el momento de trabajar sobre el cambio climático para ganar legitimidad ante los stakeholders. De asegurar la supervivencia de la empresa a largo plazo. De recuperar esa visión de alcance en los procesos de planificación estratégica, de forma que las estrategias formuladas no se reduzcan a planes de mejora de la competitividad a corto plazo, de optimización de costes y capex, programas Lean, benchmarkings o esquemas sofisticados de priorización de inversiones.

Gracias a la legitimidad, muchas organizaciones pueden influir sobre las personas, no sólo desde una eventual posición de poder, sino demostrando la ejemplaridad y deseabilidad de sus acciones. La legitimidad para la empresa no es un asunto de imagen, sino  que consiste en identificarse y ser receptivo con los intereses del entorno (su dimensión pragmática), en reflejar una evaluación normativa positiva de la organización y sus actividades como resultado de “hacer las cosas como deben hacerse” (su dimensión moral) y en desarrollar acciones profesionales y científicas que ayuden a simplificar los procesos de toma de decisiones y sean ampliamente aceptados y considerados útiles y deseables en el entorno donde opera (su dimensión cognitiva).

La legitimidad organizativa conforma un área de investigación en el área del management que debe saltar del área académica al área corporativa para constituirse en una herramienta de la corporación, con la que desarrollar acciones estratégicas sobre aquellas dimensiones mas débiles, y en un instrumento de los inversores con el que entender y contrastar los distintos estilos de gestión en el marco Environmental, Social and Governance (EGS).

“Cuando los objetivos que persiguen las organizaciones son congruentes con los valores de la sociedad, éstas están legitimándose para poder acceder a los recursos escasos”, 'Cuadernos de Economía y Dirección de la Empresa', 2010

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