Los tipos de interés y el mundo en negativo

Las políticas monetarias “no convencionales” puestas en marcha por los Bancos Centrales hace diez años para evitar una Gran Recesión, han llevado, este mes de agosto, a lo que hasta hace poco tiempo habríamos considerado un “mundo al revés”.

Es bastante insólito que el Tesoro alemán se financie en todos los plazos, incluido el de treinta años, en negativo, es decir, cobrando a los ahorradores que le prestan dinero. Algo que el tesoro suizo puede hacer incluso a cincuenta años. El Tesoro americano no llega a poder cobrar por tomar dinero prestado, pero se puede financiar a 30 años a un interés inferior al 2%, algo nunca visto hasta ahora. El Tesoro americano paga prácticamente lo mismo por tomar dinero a un mes y a treinta años y paga menos por endeudarse a diez años que por hacerlo a un mes. A fines de agosto en el mundo hay bonos por más de diecisiete trillones (millones de millones) de dólares que tienen tipo nominal negativo, es decir, en los que el que ha prestado dinero paga al que recibe ese préstamo.

¿Es este escenario sostenible? ¿Qué mensaje nos lanzan los tipos negativos?

Un primer mensaje es que el crecimiento económico esperado para las próximas décadas es realmente bajo, tendente a cero. Ante esto, la Fed y el BCE van a inyectar más dinero barato para reactivar la economía, pero la pregunta es ¿va a funcionar? Tal vez, como sugirió Powell, el presidente de la Fed, en el simposio de Jackson Hole, se esté pidiendo a los Bancos Centrales algo que, simplemente, no tienen capacidad de hacer. Varios miembros de la Fed y del BCE se han pronunciado públicamente en este mismo sentido, alertando de los peligros de entrar en una nueva ronda de flexibilización monetaria. Pero lo que se espera es que el BCE y la Fed bajen de nuevo los tipos, en sus reuniones del 12 y del 18 de septiembre, pese a que, como dice Ray Dalio, "los tipos de interés están tan bajos que bajarlos más para estimular el crecimiento no funciona bien".

Los tipos ultrabajos no son solo, como algunos piensan, un problema para los bancos. Hay un impacto para otras áreas financieras, como las compañías de seguros y los fondos de pensiones, y hay un impacto en la economía en general.

Los tipos nominales negativos tienen un efecto en cascada sobre los márgenes, un efecto que se traslada a toda la cadena de valor, comprimiéndola y provocando un efecto de contracción en el conjunto del PIB. Además, como dice Larry Summers, y como se ha visto en Japón, hay un momento en el que la bajada de tipos en lugar de estimular el consumo o la inversión, lo que hace es estimular el ahorro, por efecto "cautela". Los consumidores e inversores no se fían de un futuro "en negativo" y ahorran más. En definitiva, el problema real de los tipos negativos es que anticipan un mundo estancado, un mundo en negativo, ese mundo que Larry Summers ha definido como de "estancamiento secular". Y no solo lo anticipan, sino que lo amplifican y lo aceleran al deprimir, como decíamos, los márgenes naturales en todos los sectores de la economía.

Es urgente y a la vez necesario crear políticas alternativas a la monetaria, en lugar de seguir profundizando, en una peligrosa carrera, en los tipos negativos. Y no basta con apelar a las políticas fiscales de gasto público. Gastar más dinero, aunque sea recibiendo dinero gratis, no es la solución si se gasta mal. Los planes de inversión pública deben tener hoy un enfoque global, y no nacional. Los grandes problemas de hoy (la migración, el cambio climático, la desigualdad, la pobreza extrema que todavía subsiste en algunas partes…) son problemas globales, pero las estructuras políticas sigue siendo nacionales.

Y, lo que es peor, el enfoque nacional va a más. El mundo de Trump, el mundo del Brexit, el mundo de Xi Jinping, es el mundo del proteccionismo, del interés nacional por encima de todo, y ese no parece el mejor escenario político para plantear programas de gasto con una perspectiva verdaderamente global.

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