No es solo tener la vacuna, también tiene que llegar a todo el mundo

Conseguir una vacuna eficaz para la Covid-19 es hoy el camino más esperanzador para controlar la pandemia que ha conseguido poner en jaque a todo el mundo en unos pocos meses.

Vacuna COVID-19
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Con una vacuna para la Covid-19, veríamos descender por fin el número de personas contagiadas y fallecidas, y podríamos poco a poco volver a la normalidad en la que vivíamos antes de la crisis. Varios países y compañías farmacéuticas están trabajando en diferentes proyectos de vacuna y aunque el esfuerzo es ingente, los resultados aún tardaran meses en llegar. Y sin embargo, conseguir la vacuna será solo un primer paso para contener el virus. Un paso importante pero que se quedará corto si no conseguimos dos cosas más: asegurar que se producen las vacunas necesarias y dedicar las primeras disponibles, hasta que se consigan producir más, a la población más a riesgo en todo el mundo y no solo a quien pueda pagar más.  

Como organización médico-humanitaria, Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja sobre todo en lugares de conflicto y crisis. Por desgracia, cada día vemos a muchas personas que sufren y mueren por enfermedades muchas veces prevenibles o curables, en lugares donde no disponemos de los medicamentos necesarios a un precio asequible. Mientras esperamos ansiosamente la llegada de una vacuna eficaz contra la Covid-19, asegurémonos de que no se repita una historia que hemos visto una y otra vez sobre el terreno

Los medicamentos, las vacunas y otros productos médicos están regulados por la Organización Mundial del Comercio como un bien de consumo más. La consecuencia más clara de esta política es que su investigación, fabricación y distribución se basan muy a menudo no en las necesidades médicas de millones de personas sino en los beneficios que consiguen las empresas farmacéuticas. Lo vimos con los medicamentos antirretrovirales para el tratamiento del VIH/sida. Aunque se demostró que podían producirse a un precio mucho más barato y, por lo tanto, ser accesibles para millones de personas seropositivas en el sur de África, una de las zonas más golpeadas por el virus, las compañías farmacéuticas lucharon para mantener unos precios elevadísimos que les generaban grandes beneficios. 

La investigación, la fabricación y la distribución de vacunas y medicamentos se basan muy a menudo no en las necesidades médicas de millones de personas sino en los beneficios que consiguen las empresas farmacéuticas

El triste ejemplo de la vacuna de la neumonía

Y lo vimos también hace unos años con la vacuna de la neumonía. Esta grave enfermedad mató solo en 2017 a más de 800.000 niños menores de 5 años, sobre todo en países en desarrollo, a pesar de que las empresas farmacéuticas Pfizer y GlaxoSmithKline llevan décadas comercializando una vacuna efectiva para prevenirla.  

En 2009, Gavi (la Alianza de Vacunas), junto con la Fundación Gates, el Banco Mundial y otras organizaciones, creó un fondo para promover la producción y asegurar la disponibilidad de esta vacuna. Pero a pesar de que se dedicaron 1.300 millones de euros en exclusiva a los dos únicos productores, en un intento por asegurar un suministro suficiente de sus vacunas contra la neumonía para los países en desarrollo, hubo escasez del suministro en el transcurso de esta iniciativa.

Además, Gavi nunca fue capaz de negociar los precios a la baja y ha tenido que hacer frente a los precios relativamente altos que ambas empresas han mantenido tanto para Gavi, como para los países en vías de desarrollo, una vez finalizado el apoyo financiero de Gavi. La falta de suministro y el alto precio también ha afectado a los países de ingresos medios, que han sido incapaces de incorporar esta vacuna esencial para proteger a su población infantil, y  para organizaciones humanitarias, como MSF. 

MSF no pudo acceder a las vacunas contra la neumonía al precio negociado por Gavi hasta 2017, después de que la organización se pasara años haciendo campaña para lograrlo. Miles de niños atrapados en conflictos y otras crisis humanitarias no pudieron ser protegidos contra esta enfermedad mortal. Es necesario sacar lecciones de esa experiencia: resulta crucial establecer un precio desde el principio, porque una vez acordados los precios, Gavi no tendrá capacidad alguna de negociar posteriormente la bajada de los mismos. 

Fijar las normas ahora para que la vacuna sea accesible después

Hasta la fecha, Gobiernos y organizaciones filantrópicas han donado casi 4.000 millones de euros a corporaciones farmacéuticas para la investigación y el desarrollo de vacunas contra la Covid-19. Sin embargo, en general no se han incluido condiciones de acceso o asequibilidad como condición previa para ninguno de esos fondos. 

Y la semana pasada Gavi lanzó un nuevo mecanismo global, llamado Covax AMC (Advance Market Commitment for COVID-19 Vaccines, Compromiso de Mercado Adelantado para las vacunas de la Covid-19, en sus siglas en inglés) para poder ampliar la capacidad de fabricación de las futuras vacunas contra la COVID-19, así como su financiación para un conjunto de países en desarrollo. Sin embargo, a pesar del lanzamiento de este fondo, no hay garantía alguna de que las empresas farmacéuticas vayan a cobrar precios asequibles. 

Hasta la fecha, Gobiernos y organizaciones filantrópicas han donado casi 4.000 millones de euros a corporaciones farmacéuticas para la investigación y el desarrollo de vacunas contra la Covid-19.

Ante la puesta en marcha de este mecanismo, en MSF tenemos claro que son los líderes mundiales los que deben exigir ahora a las empresas farmacéuticas que se comprometan a vender cualquier posible vacuna para la Covid-19 a precio de coste, sin agregar los costes de investigación y producción que se hayan financiado con dinero público o de filantropía, y sin generar beneficios. Los Gobiernos deben marcar las condiciones a las farmacéuticas, ya que son ellos quienes van a poner sobre la mesa miles de millones de euros para garantizar la disponibilidad de vacunas en los países en desarrollo. 

Por su parte, el Gobierno español ya se ha comprometido a donar 50 millones de euros a Gavi, que se suman a su anterior compromiso de aportar 47 millones durante el período 2021-2025. Según Gavi, este dinero servirá tanto para mantener las vacunaciones infantiles en países en desarrollo como para apoyar el acceso universal a la futura vacuna de la COVID-19. Pero junto a este compromiso de financiación, el Gobierno español debe presionar para que el fijen ahora las condiciones de acceso a la futura vacuna. 

Las condiciones y los precios deben quedar acordados y fijados al mismo tiempo que la financiación. No podemos permitir que vuelva a ocurrir lo que pasó con la iniciativa para mejorar la accesibilidad de la vacuna de la neumonía en 2009. La experiencia nos dice que lo que no se acuerde ahora, no podrá hacerse más adelante. Ganar grandes beneficios gracias a medicamentos o vacunas necesarios para salvar vidas siempre ha sido algo éticamente cuestionable, en medio de un pandemia como la actual, el coste en vidas en inasumible. 

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