¿Podríamos caer de nuevo en recesión?

Aunque muchos expertos apuntan a que el PIB de España seguirá creciendo, ya notamos en carne propia los vientos de crisis

Los vientos de la economía andan agitados. La economía internacional se desacelera y algunos países, como Alemania, ya tienen un pie dentro del ciclo recesivo. Ya sabemos que un país cae en recesión técnica cuando su crecimiento de PIB es negativo durante dos trimestres negativos. Nosotros aún crecemos, aunque, desgraciadamente, cada vez con menos intensidad. La pregunta que circula en los mentideros económicos está servida: ¿caeremos de nuevo en una crisis o, por el contrario, se tratará sólo de un leve resfriado que se saldará con una desaceleración más o menos suave?

Existen opiniones para todos los gustos, aunque, a día de hoy, la opinión mayoritaria de los expertos es que no llegaremos a caer en recesión en estos dos próximos años, aunque pasaremos de crecer a un ritmo del 3% en 2018 a poco más de un 1,3% en 2021. Ya veremos lo que ocurre, porque, para otros, la cosa se pinta mucho peor, tanto por errores y desequilibrios patrios como por los vientos internacionales que, necesariamente, nos sacudirán. La Guerra Comercial EEUU-China, la margarita del malhadado Brexit que nunca termina de deshojarse, entre otros acontecimientos mundiales, confabulan para enfriar ánimos y haciendas.

Nosotros, de hecho, ya notamos el enfriamiento en carne propia. La creación de empleo, por ejemplo, renquea y presenta síntomas de agotamiento. Los datos que hemos conocido en la última Encuesta de Población Activa (EPA) – los peores del tercer trimestre de los últimos años – nos retrotraen a 2012, cuando todavía estábamos inmersos en los epígonos de la crisis secular de 2007. Todos los datos que vamos conociendo apuntan hacia un rápido enfriamiento que ya veremos hasta dónde nos conduce. Nuestra deuda es del 100% del PIB y hemos sido incapaces de reducirla incluso en estos años de relativas vacas gordas. ¿Qué ocurrirá si llegaran las flacas? Aún peor es la situación del déficit, que no logramos embridar dentro de los límites impuestos por la Unión Europea, tarea que se irá complicando tras el 10N, ya que las encuestas no atisban una mayoría suficiente para acometer la política económica sensata que nos recolocara en la senda del crecimiento.

Inestabilidad en España e inestabilidad en Europa

Mario Draghi se marcha del BCE con división de opiniones. Héroe para muchos, villano para pocos, sólo el tiempo juzgará su tarea en unos tiempos en los que el euro estuvo a punto de saltar por los aires. Converso a las conocidas como medidas heterodoxas, esto es, tipo de interés bajísimos y compra de activos financieros, logró salvar la fobia a la deuda de los países del sur a cambio de esquilmar a los ahorradores del norte. O, al menos, eso es lo que nos dicen. El caso es que, pasados los años, la economía europea, en consonancia con la internacional, se desacelera al punto de gripar al gran motor económico de Alemania, la locomotora tradicional del Viejo Continente. Las medidas heterodoxas parecen agotarse en Europa y en el mundo, aturdido bajo una enorme masa de liquidez, que no llega a todos, pero que distorsiona precios de activos y ceba la deuda. De hecho, nunca jamás estuvo el mundo tan endeudado, lo que alerta a los advertidos y atemoriza a los prudentes.

Moraleja, incertidumbre en el horizonte. En principio, no caeremos en recesión, pero, atención, que algunos indicadores internacionales, sobre todo de EEUU, agitan inquietudes y carcomen confianzas. Ojalá acierten los que tan sólo vaticinan suave enfriamiento y desaceleración asumible. Podría ser mucho peor y, atención, nos pillaría por completo desprevenidos e inermes.

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