Ponga matemáticas en su empresa

Las empresas españolas se nutren de menos matemáticas que las de los países del entorno. El riesgo que se corre es el de una pérdida de competitividad.

Matemáticas y empresa
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Son ubicuas y poderosas, pero invisibles. Mucha gente no sabe que debajo de cada aplicación, gadget y servicio con los que convivimos a diario, incluso detrás de la gestión de la crisis del coronavirus, hay matemática pura y dura. Y debería saberlo.

Quizá, para demostrar el valor de la ciencia más abstracta, lo mejor sea evaluar su efecto en la economía. Entendemos mejor las cosas cuando nos las traducen a euros. 

Esa es la idea que impulsó a la Red Estratégica en Matemáticas (REM) a encargar el primer estudio sobre el impacto económico de las matemáticas en España, publicado en 2019, que mide en este país su utilidad y valor intrínseco. La primera conclusión es que la ciencia más abstracta no solo ocupa el epicentro de la revolución digital, sino que es un poder invisible que aumenta la productividad en todos los sectores. 

Según el informe de la consultora Analistas Financieros Internacionales (AFI) para la REM, el impacto directo de las matemáticas en el empleo alcanzó en 2016 el millón de ocupados, lo que representa alrededor del 6% del empleo total de la economía española y el 10,1% del PIB español total. Hace unas semanas tuve la suerte de asistir a la presentación de este informe en el Centre de Recerca Matemàtica de Barcelona y compartí mesa con mentes brillantes que me descubrieron todo un entramado de lazos entre la abstracción pura de la ciencia y el negocio empresarial. Entre ellos, conocí a Tomás Alarcón, un físico teórico que, con las herramientas de la biología matemática, se dedica a estudiar la reacción de los tumores ante los fármacos. Su ciencia básica es indispensable para que después la industria farmacéutica sepa qué estrategias utilizar contra el cáncer. Roger Forcada, analista de datos en una consultoría, utiliza inteligencia artificial y estadística para que sus clientes (por ejemplo, grandes cadenas de moda) maximicen beneficios y eficiencia. La doctora en Economía Montserrat Guillén, directora de RiskCenter, es especialista en gestión de riesgos de la industria aseguradora y financiera; y la matemática y empresaria Regina Llopis, presidenta del grupo AIA, posee una patente que sirve para dar la mejor respuesta posible ante apagones eléctricos. 

Gran parte de la sociedad identifica la innovación científica con tecnología e industria farmacéutica

Los cuatro son exponentes de la matemática aplicada a industrias y ciencias. Su trabajo se traduce en desarrollos útiles para la mejora de la salud, para el análisis de riesgos, la gestión de la energía, el prototipado de productos, la logística industrial, el análisis de datos y casi cualquier campo en el que se pueda imaginar. 

Como periodista de ciencia, estoy habituada a publicar informaciones sobre nuevos desarrollos basados en matemáticas, desde un sistema de ventas online hasta un simulador de posibles escenarios de crisis climática, pasando por un mapa de propagación del COVID-19. Al mismo tiempo, me doy cuenta de que gran parte de la sociedad identifica la innovación científica casi exclusivamente con tecnología e industria farmacéutica. En el imaginario colectivo las matemáticas siguen estando en ese universo paralelo, independiente de la vida de los mortales; se ven como algo en lo que investigan académicos alejados de la realidad cotidiana. Sin embargo, los datos del informe revelan que el PIB que se debe a las matemáticas en España (10 %) está muy cerca del que se debe al turismo

Más matemáticos, mayor crecieminto

La primera duda que surge al ver las cifras es cómo se ha llegado a ellas. Para realizar su evaluación, los expertos han tenido que considerar tanto el beneficio generado por trabajadores con estudios matemáticos que emplean estos conocimientos en su puesto de trabajo, como el valor de los productos de base matemática, aunque hayan sido elaborados por personas sin formación matemática específica. El proceso fue complicado, explicó el coordinador del trabajo, Diego Vizcaíno, porque las matemáticas son un objeto de estudio muy resbaladizo. Como dice el propio estudio, son especiales por tres razones: no son de nadie; cuantas más personas las usan más valor adquieren; y a pesar de su ubicuidad, son invisibles en el producto final.

“Al no ser un recurso apropiable, no existe un valor de mercado. Los sistemas de contabilidad nacional solo miden bienes privados, es decir, aquellos que tienen asignado un precio de mercado”, explica el informe. Por eso, las técnicas tradicionales no reflejan todo el valor económico que aportan a la economía. Es decir: las cifras serían aún más altas si tuviéramos en cuenta impactos indirectos e inducidos de las actividades intensivas en matemáticas —por ejemplo, informática, actividades financieras, telecomunicaciones y sector energético—. Si se contabilizan estos impactos, las matemáticas están detrás, en mayor o menor medida, del 19,4% del total de los ocupados en 2016, y generan el 26,9% del PIB total, según el estudio.  

El informe asegura que en los próximos años las empresas que utilicen las matemáticas crecerán el doble que las demás. Está claro que esto lo saben las grandes compañías textiles y de retail, que optimizan sus cuentas y sus decisiones gracias a consultoras en las que los matemáticos encuentran soluciones basadas en datos, pero ¿lo saben las empresas de otros sectores? ¿Lo saben las pymes? En opinión del analista Roger Forcada, la mayoría de pequeñas y medianas empresas no suelen contratar servicios de consultoría matemática. Simplemente, nunca se lo han planteado.

A pesar de los buenos datos, España queda por detrás del Reino Unido, Francia y Holanda, donde la cifra de empleo relacionado con las matemáticas oscila entre el 10 % y el 11 % del total. El tejido empresarial español se nutre de menos matemáticas que el de los países del entorno porque España está muy rezagada en profesiones intensivas en esta materia, como especialistas en bases de datos y redes informáticas, finanzas, profesionales de las tecnologías de la información o diseñadores de software y multimedia. El riesgo que se corre es el de la pérdida de competitividad. 

Bajas tasas de desempleo

¿Y los matemáticos, qué saben del mundo de la empresa? ¿Les interesa? Tener poca o nula formación empresarial los convierte, a la larga, en operarios altamente cualificados, pero los distancia del liderazgo y la toma de decisiones en las empresas en las que trabajan. En este sentido, tanto Montserrat Guillén como Regina Llopis reclamaban formación empresarial. “A los matemáticos nos gusta la estética”, recordaba Llopis, pero tampoco está mal bajar los humos teóricos y aprender a manejarse en el mercado. Para Guillén es indispensable, además, una mayor proporción de matemáticos en los consejos de administración de las compañías.

Lo cierto es que, a día de hoy, la carrera matemática ofrece buenas opciones laborales con bajísimas tasas de desempleo, y los estudiantes de Bachillerato han visto cómo los grados en Matemáticas disparan sus notas de corte. Los graduados en esta materia han pasado de tener como principal salida la docencia (con escaso reconocimiento social frente a un analista de datos) a ser la carrera de moda que estudian los nerds de Silicon Valley. Y, al mismo tiempo que el éxito, el prestigio y la competitividad de la profesión matemática subían como la espuma, las mujeres la han empezado a abandonar: el porcentaje femenino se ha reducido del 46 % al 38 % en 10 años. ¿Casualidad? Eso da para otro artículo completo. 

Artículo publicado en el número 3 de 'Muy Negocios&Economía'

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