Pongamos que hablo de Europa

Los momentos de extremas dificultades económicas y sociales actuales han acallado a los críticos con el proyecto europeo y han reforzado la importancia de permanecer a la UE.

Banderas europeas
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En los últimos meses se ha intensificado una pulsión creciente a favor de Europa como proyecto político, cultural y económico necesario. Nadie, ni los tradicionalmente más descreídos, niegan el carácter vital de la pertenencia de España a la Unión Europea y, particularmente, a la Unión Monetaria Europea, en estos momentos de extremas dificultades económicas y sociales.

El resurgir de los populismos a lo largo y ancho de Europa se había traducido, y aún está inmanente el riesgo, en una progresiva reducción del apoyo ciudadano al proyecto comunitario. Algunos partidos populistas siguen propugnando el desmantelamiento de la Unión Monetaria, y el regreso a la soberanía monetaria nacional. Sin embargo, el contrapunto de la necesidad actual de financiación comunitaria ha debilitado sobremanera el guion de los populistas españoles, de uno y otro lado del segmento político.

España sigue siendo uno de los Estados miembros en los que el proyecto europeo sigue concitando el apoyo de un mayor porcentaje de la población, pero este apoyo también ha decaído. Preservar el mercado único comunitario y sus cuatro libertades fundamentales resulta vital para España en esta etapa de crisis ya iniciada. Es fundamental evitar la reaparición de barreras al libre intercambio de productos y factores de producción. Es asimismo de crucial importancia mantener la economía europea como una economía abierta al resto del mundo, y, en la medida de lo posible, potenciar su apertura adicional a través de la política comercial de la Unión Europea. Finalmente, resulta esencial para eludir riesgos mayúsculos para la economía española mantener controlados los desequilibrios macroeconómicos y evitar contribuir a agrietar la Unión Monetaria Europea.

En primer lugar, el mercado comunitario es simplemente imprescindible para nuestra economía en términos de producción y empleo. Nuestras exportaciones de bienes y servicios representaban, antes de la llegada de la crisis, cerca del 32 por ciento de nuestro PIB, es decir, más de 350.000 millones de euros anuales. Cerca del 65 por ciento de las exportaciones españolas de mercancías van destinadas al mercado europeo en sentido amplio y, la inmensa mayoría de ellas, al mercado comunitario. En materia de exportaciones de servicios y, en particular, de servicios vinculados con el turismo, nuestro gran mercado emisor es el europeo.

Detrás de esas cifras se encuentran cientos de miles de empleos, muchos de ellos vitales para la economía de nuestras provincias y comunidades autónomas. El peso de la exportación en los servicios turísticos en comunidades autónomas como las Islas Baleares o Canarias, o en los productos agroalimentarios en Andalucía, Región de Murcia o Comunidad Valenciana, refleja con claridad la importancia de preservar estos mercados libres de barreras y sin restricciones al mercado.

Nuestra economía está sufriendo con enorme dureza los efectos de la limitación a la movilidad de los ciudadanos europeos en esta etapa de pandemia. Las decisiones de los gobiernos europeos de prohibir los desplazamientos turísticos a España constituye un choque adverso de demanda de enorme intensidad cuyo origen no está en el libre funcionamiento del mercado, sino en una decisión de política pública. Conseguir revertir esas decisiones de política pública cuanto antes tendrá un enorme impacto positivo sobre la actividad económica.

A vueltas con el Brexit

Otro asunto relevante es el Brexit. Un asunto que constituye un durísimo golpe para la Unión Europea. La segunda economía de la Unión se ha marchado del Club. El abandono por parte del Reino Unido de la Unión Europea tiene muy preocupados a cientos de miles de empresarios y de empleados españoles, con mucha razón. La reimplantación de barreras a los intercambios entre España y el Reino Unido post Brexit destruiría una parte importante de nuestra actividad económica y de nuestros empleos en numerosos sectores productivos, con un impacto demoledor en algunas regiones españolas. El Reino Unido es, además, el país con mayor volumen de inversión directa española en el exterior. Detrás de las grandes inversiones de las empresas españolas en el Reino Unido están los ahorros de millones de pequeños accionistas españoles, cuyos intereses conviene defender.

Es, por tanto, fundamental, en estos momentos de crisis que coinciden con la negociación de la relación comercial de la UE con el Reino Unido post Brexit, velar por que esa relación sea lo más fluida posible en el terreno comercial y de las inversiones. Cuanto más altas sean las barreras que se erijan entre España y el Reino Unido en el escenario post Brexit, mayor será el precio en términos de producción y empleo que pagará la economía española y más difícil será la salida de esta crisis que no ha hecho más que comenzar.

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