Retrato del tejido empresarial después de la crisis

En el arte de la ciencia económica, o se practica la anticipación o se convierte el estudioso en un mero cronista o especulador.

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Por ello, y a la vista de las circunstancias actuales, conviene proyectar de manera científica el impacto que la crisis va a tener en las empresas españolas y sus inevitables consecuencias en términos de insolvencia. La fotografía después de crisis será diferente al marco de hace un año y medio: los fuertes desplomes en los procesos de fabricación y comercialización, y los resultados comerciales corren el riesgo de convertirse en un problema sistémico de insolvencia que amenazan la supervivencia de un bloque importante de nuestro sistema empresarial. Las señales de preocupación son evidentes y no deben pasar desapercibidas: rebajas en la calificación crediticia o el propio deterioro económico y financiero de los balances empresariales. Tal es así que en países como Estados Unidos, según estudios recientes, las solicitudes de concurso se podrían duplicar en el momento en el que las ayudas temporales dejen de percibirse.

Por lo que respecta al tejido empresarial europeo, otro estudio reciente de Demmou, y sobre una muestra de un millón de empresas no financieras, de las que doscientas mil eran españolas, desvela un escenario después de la tormenta económica y financiera de alcance intenso. Casi la mitad de las empresas verían reducidos sus beneficios medios y dejarían a un tercio sin recursos suficientes para poder atender los intereses de la deuda. La insolvencia se situaría en torno al diez por ciento de media, si bien ese porcentaje alcanzaría el treinta por ciento en determinados sectores como la hostelería o el turismo. Por otro lado, tanto en este estudio como en otros llevados a cabo en otros países, se concluye que las empresas que están más expuestas al riesgo de insolvencia son las de menor tamaño y las que son más jóvenes. De hecho, hay un análisis que cifra en un dieciocho por ciento la tasa de fracaso empresarial en PYMES, el doble de lo que habría ocurrido de no mediar la crisis pandemica. Este promedio, una vez más, se elevaría por encima del treinta y cinco por ciento en determinas fracciones de actividad, tales como el turismo y la hostelería, o en actividades recreativas y de entretenimiento.

En el caso estrictamente español, el Banco de España ha elaborado proyecciones a partir de los datos de su Central de Balances. Considerando datos de los tres primeros trimestres de 2020, el valor medio de la rentabilidad neta del activo se había reducido a menos de la mitad, hasta un 2,2 por ciento frente al 4,5 por ciento de 2019. Es más, el resultado final agregado en empresas financieras en España ha sido negativo por primera vez desde hace veinte años y el índice de empresas con resultado ordinario negativo se situó en un 36 por ciento, once puntos más que el ejercicio anterior. Por su parte, en otras proyecciones realizadas a lo largo de las últimas semanas, hay dos posibles escenarios: los más optimistas que predicen que la epidemia no tendrá consecuencias perdurables en el corto plazo sobre la cuenta de resultados de las empresas de modo que, progresivamente, se alcanzarían nuevamente los umbrales de resultados de los tres años anteriores a la crisis sanitaria, y, por otro lado, otro escenario pesimista en el que únicamente se recuperarían tres cuartas partes de la minoración de ingresos producida en 2020.

En 2019, el número de empresas en riesgo de insolvencia era del diez por ciento. A partir de los estudios realizados es previsible un incremento del cincuenta por ciento y el ochenta por ciento del número de empresas en riesgo de insolvencia financiera, con un rango de inviabilidad a largo plazo entre el cuarenta por ciento y el cincuenta y cinco por ciento, si se consideran inviables las empresas que pueden tener un resultado esperado negativo. Y todo ello, entre otras cosas, porque las empresas españolas han estado sometidas a un importante estrés financiero habida cuenta en muchos casos que no han podido pagar los intereses de la deuda con resultados del ejercicio. De hecho, el cuarenta por ciento de las empresas en España han estado sometidas a una presión financiera elevada, llegando a alcanzar índices de presión de hasta el setenta por ciento en sectores como la hostelería, la restauración y el ocio.

Ante esta situación, podría aceptarse que cada empresa deberá analizar su situación presente y sus perspectivas, e identificar en qué grupo se encuadra de los tres siguientes: en primer lugar, las empresas que han dejado de ser viables y que no existen condiciones de mercado para hacerlas viables, en cuyo caso la solución más efectiva sería liquidar la empresa y orientar los recursos hacia actividades con mejores perspectivas; en segundo lugar, hay empresas con dificultades de tensión financiera a corto plazo y de carácter transitorio que mantienen buenas perspectivas de negocio a largo plazo y cuya continuidad no está en juego; y, por último, hay un tercer grupo, probablemente el más crítico, que son las empresas que a fecha de hoy tienen una incertidumbre elevada sobre su viabilidad futura, que solo se disipará cuando la crisis sanitaria sea ya afortunadamente pasado. Que cada cual haga su análisis y busque su encaje.

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