Simetrías y asimetrías: geometría variable de la crisis

Al contrario que en 2008, en esta crisis el sector privado llega con un endeudamiento muy bajo

El abecedario se antoja insuficiente para dar explicación a la posible extensión y comportamiento de la crisis. Geometría variable o gramática variable. Los diferentes ejercicios llevados a cabo por los economistas para dar una lectura representativa del alcance y de la señal de salida de la crisis se convierten en meras predicciones valorativas, desvirtuadas a cada paso por la evolución de los acontecimientos.

De inicio, la crisis alcanzó a los países europeos en situaciones distintas en términos de capacidad fiscal y de endeudamiento. Mientras algunos países del norte y centro de Europa mostraban una amplia capacidad fiscal, otros acabaron el año 2019 con altos niveles de endeudamiento y déficit público, lo que sin duda limita y condiciona tanto nuestra capacidad de respuesta como la tipología de las medidas adoptadas.

Todo tiene su parte positiva

Pero no todo es negativo. Si la crisis anterior encontró a un sector público razonablemente saneado mientras que el sector privado, sector financiero incluido, estaba apalancado de un modo insostenible, en esta crisis los términos se invierten. Actualmente, es el sector privado el que ha disminuido fuertemente su endeudamiento, gozando de una situación financiera mucho más robusta, mientras que el sector público de algunos países, entre ellos España, parte de una situación comparativamente peor a la del año 2008. Cierto es que la persistencia de la crisis produce un inexorable deterioro de la situación económica y financiera de las empresas, pero, de origen, el endeudamiento privado era netamente inferior al de la crisis anterior.

Según datos publicados por el Banco de España, desde 2010 se ha producido una caída en la ratio de endeudamiento del sector privado no financiero equiparable a un treinta por ciento de nuestro PIB. Esto significa un enorme esfuerzo de desapalancamiento que da a nuestras empresas una mayor fortaleza.

Por su parte, el sector público está haciendo un esfuerzo para minimizar las consecuencias económicas y sociales de la crisis y esto conlleva un fuerte incremento del gasto público. Cierto es también que no se ha llevado a cabo ningún ejercicio de racionalización del gasto público, y que el margen fiscal español en la curva de entrada de la crisis era comparativamente más bajo que el de las principales economías europeas.

No obstante, cuando superemos esta crisis, deberemos retomar la senda de la consolidación fiscal, como adecuadamente recordaban hace dos semanas tanto el Gobernador del Banco de España y la Presidenta de la AIREF. Y es que, a diferencia de otros Estados que, por los menores efectos de la crisis sanitaria o su mayor fortaleza fiscal anterior, podrán superar sus efectos económicos y sociales ya en el 2020, otros países, como Italia o España, estaremos afectados durante un tiempo superior, y desde luego en el 2021.

Lecciones aprendidas

Afortunadamente para nosotros, la crisis anterior fue dolorosa, pero no inútil y hubo muchas cosas que se aprendieron y mejoraron. Una de esas cosas, particularmente en Europa, es que el tiempo en una crisis raramente juega a favor, con lo que una respuesta rápida y contundente resulta imprescindible para atenuar sus efectos sobre la actividad económica y el empleo.

Para comenzar, el Banco Central Europeo ha estado, una vez más, a la altura de las circunstancias, acudiendo en defensa del euro y de las economías de la Eurozona honrando la promesa del “whatever it takes”. Su programa de compra de activos, aumentado en 750.000 millones de euros, se ha revelado como un escudo eficaz frente a cualquier riesgo de fragmentación financiera en la Eurozona, y su intervención se ha producido, en este caso, en cuanto comenzó la crisis y no como en la crisis anterior cuando se demoró cuatro largos años, desde el 2008 hasta el verano del año 2012.

Basta pensar en qué situación estarían hoy los países más afectados por la pandemia, con una clara previsión de fuerte crecimiento del déficit y del endeudamiento público, de no contar con el Banco Central Europeo. Mejor quizá no pensarlo. Ni siquiera los antiguos euroescépticos hoy convertidos a la adoración del maná comunitario. Cosas del poder.

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