Tipos de interés o el interés de los tipos

La pandemia de Covid-19 ha supuesto la aceleración de un cambio en el paradigma de las políticas del tipo de interés que se venía fraguando desde hace años.

Tipos de interés
Jxfzsy, iSTOCK

Hubo un tiempo no muy lejano en el que la economía europea no era ni demasiado caliente ni demasiado fría. Era un horizonte de crecimiento sostenible e inflación moderada en el que la estabilidad económica y monetaria estaba garantizada. La pandemia ha transformado radicalmente la realidad hasta desplazar el paradigma al modelo japonés con inflación y crecimiento bajos. En este entorno, los inversores europeos verán arrastradas sus preferencias hacia la renta variable y la deuda extranjera, que ofrecen mayores atractivos en términos de crecimiento y rentabilidad.

La reducción de tipos de interés, en cambio, tiene un límite. Cuando el tipo de interés llega a 0, se ha perdido el instrumento. Se está hablando últimamente, e incluso se están poniendo en práctica, los tipos de interés negativos. Constituye un terreno desconocido, cuando no una desviación conceptual: cuando el prestamista tiene que pagar para prestar dinero, es que algo funciona de modo extraño. Solamente puede tener sentido económico si se trata de un entorno deflacionista en el que la pérdida de remuneración por intereses se ve compensada por la disminución generalizada de precios. Pero ya hemos señalado que los economistas tienen casi más miedo a la deflación y a la espiral deflacionista, que al fenómeno inverso.

Por otro lado, la reducción de tipos de interés ha hecho que la actividad típica bancaria sea cada vez menos rentable. Entendiendo por actividad típica bancaria la intermediación de tipos de interés y el diferencial que las entidades de crédito perciben generalmente por el diferimiento entre la captación de financiación a corto plazo y la concesión de préstamos a largo plazo. 

Mala 'praxis' de los bancos y consecuencias para los clientes

Una de las consecuencias de esa reducción de la rentabilidad típica bancaria es que la búsqueda de rentabilidad ha tenido que guiarse hacia las operaciones en masa y sin discriminación de los clientes a quienes se ofrecía productos bancarios que o bien podían no ser los adecuados, o bien conllevaban un riesgo superior al realmente explicitado. En resumidas cuentas, la reducción de la rentabilidad de la actividad típica bancaria puede inducir en cierta medida a una mala praxis bancaria ligada con la operación masa. Parece que debemos defender que la actividad bancaria sea rentable per se. Los bancos tienen una misión fundamental en cualquier economía desarrollada, canalizando fondos desde sectores excedentarios de ahorro y liquidez hacia sectores demandantes y rentables.

El efecto inmediato es que obliga a poner en marcha otros instrumentos menos convencionales de política monetaria. Recordemos que en julio de 2012 los tipos de interés de la eurozona eran de tan solo el 0,75%, pero es que desde septiembre de 2014 eran tan solo del 0,05%, hasta el 2014 en que alguno de los nominales se ha situado en terreno negativo, estando en dicho terreno todos los reales (con descuento del efecto de la inflación). 

El problema de la deuda pública

Por último, los tipos de interés artificialmente bajos han fomentado un enorme crecimiento del endeudamiento público. El problema es que se está endeudando a las generaciones venideras. Son los hijos y nietos los que tienen que pagar el bienestar de sus padres y abuelos. La cuestión es: ¿se les permitirá que paguen por su propio bienestar? Recordemos que las emisiones brutas de deuda del Estado estaban previstas para el año en curso en 196.504 millones de euros (según la estrategia de financiación del Tesoro 2020). De dicho importe la emisión neta (es decir nueva deuda) se situaba en 32.500 millones de euros, es decir 3 puntos de PIB.

Muchas veces se ha saludado como una noticia positiva la disminución de los tipos de interés, entre otras cosas porque el efecto inmediato en los mercados de capitales suele ser alcista. La pregunta que debemos formularnos es si se trata realmente en toda circunstancia de una buena noticia. A corto plazo, presenta indudables ventajas, pero el largo plazo se plaga de múltiples incertidumbres como se han señalado. Ya no hay vuelta atrás. La nueva normalidad ha generado un cambio radical del paradigma. Y puede ser de larga duración. 

Continúa leyendo