Un camino compartido, verde y sostenible

Tenemos que invertir precisamente en soluciones que hagan frente a los desafíos urgentes relacionados con los ODS. Los países europeos e importantes multinacionales ya han aceptado que ésta debe ser una de las principales vías para reflotar la economía global.

Finanzas sostenibles
MIKKELWILLIAM, iSTOCK

La pandemia ha acelerado la urgencia de abordar los desafíos a los que ya nos enfrentábamos relacionados con la reducción de las desigualdades, la lucha contra el cambio climático y otros ámbitos de la sostenibilidad que están recogidos en la Agenda 2030. De hecho, la COVID-19 nos ha colocado en un punto de inflexión en el que debemos tomar hoy las decisiones sobre la salida de la crisis sanitaria y económica que nos llevarán a la reconstrucción del sistema económico mundial. Pero esa reconstrucción no puede mirarse a corto plazo, sino con gafas de la sostenibilidad, del largo plazo. Una reconstrucción que desde el Pacto Mundial de Naciones Unidas consideramos que se debe sustentar en los pilares más sólidos que tenemos: los 10 Principios y la Agenda 2030.  

Este sentimiento sobre la necesidad de navegar hacia una economía más sostenible e inclusiva es ya compartido por numerosas voces, tanto del ámbito de Naciones Unidas como del sector privado y las administraciones públicas, que señalan que el intento de reactivar la economía debe pasar por una inversión socialmente responsable. Es decir, una inversión que no sólo se centre en la rentabilidad, sino que también ponga el foco en el impacto social y medioambiental. Y es que, si queremos construir un sistema sólido y resiliente, tenemos que invertir precisamente en soluciones que hagan frente a los desafíos urgentes relacionados con los ODS. Sería un fracaso que, después de gastar millones de dinero público, simplemente reconstruyéramos la misma economía desigual, vulnerable y destructiva de la salud y el planeta, como teníamos antes. 

En este sentido, en las últimas semanas hemos podido ver cómo gran parte de los países europeos e importantes multinacionales ya han aceptado que ésta debe ser una de las principales vías para reflotar la economía global y han decidido dirigir sus fondos de recuperación al fomento de industrias sostenibles. En concreto, España ya ha comenzado a lanzar medidas para la salida de la crisis fundamentadas en parámetros de sostenibilidad, como el recientemente aprobado proyecto de ley de cambio climático, un hecho que dice mucho de la estrecha relación que existe entre la economía y el bienestar social y medioambiental.  

El papel de las empresas en las finanzas sostenibles

Desde la Red Española del Pacto Mundial también estamos llevando a cabo acciones para favorecer la transición hacia un sistema económico y financiero sostenible a nivel global que tenga la capacidad de resolver y evitar este tipo de crisis. Ejemplo de ello es nuestro recientemente publicado paper Finanzas Sostenibles y Agenda 2030: invertir en la transformación del mundo, cuyo objetivo es servir de instrumento de difusión para involucrar a empresas y organizaciones en las finanzas sostenibles.  

En él incidimos no sólo en la urgencia de redirigir el capital privado hacia la consecución de la Agenda 2030 para cubrir el déficit actual de financiación de los ODS, que se calcula entre 2 y 4 billones de dólares adicionales por año hasta 2030, sino también en las oportunidades que ésta ofrece a los inversores ya que su rentabilidad está cifrada en hasta 12 billones de dólares según la Comisión de Comercio y Desarrollo Sostenible. Muchos inversores y empresas ya dan cuenta de ello y por eso mismo las finanzas sostenibles se encuentran en época de expansión, pese a que crecen a un ritmo pausado, y en los últimos años multitud de iniciativas internacionales que las impulsan han aumentado su impacto. Aunque, cierto es, que se requieren normativas eficaces que clarifiquen la estructura y las características de los nuevos productos financieros que están surgiendo. 

Sin duda, en estos momentos marcados por la incertidumbre y la excepcionalidad se hace más necesario que nunca un sistema financiero que no sólo se preocupe por el crecimiento económico, sino también por la protección de la salud, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero o la lucha contra la desigualdad, de forma que pueda proteger a la economía de episodios de alta inestabilidad financiera. Para ello, apoyémonos en la Agenda 2030 y los ODS como hoja de ruta. No podemos dejar de trabajar el presente sin perder el foco en el futuro y hacerlo más justo, más sostenible y más seguro. 

También te puede interesar:

Continúa leyendo