Viudedad y pensiones: presente y futuro de la prestación en España

Actualmente en España existe una considerable desigualdad de género en las pensiones contributivas, evidencia de la desigualdad de género que ha existido y existe todavía en menor medida en el mercado actual de trabajo.

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Tras la celebración de un 8M atípico y pandémico, hablemos de pensiones y de brecha de género. Actualmente en España existe una considerable desigualdad de género en las pensiones contributivas, evidencia de la desigualdad de género que ha existido y existe todavía en menor medida en el mercado actual de trabajo. No en vano, el 96 por ciento de las pensiones de viudedad en nuestro país las perciben mujeres, de las cuales, el 40 por ciento no tienen derecho a una pensión de jubilación porque no cotizaron el periodo suficiente. De allí que las pensiones de viudedad representen una pieza determinante del Estado del Bienestar en España que ha permitido, dentro de ciertos márgenes, paliar la pobreza durante la senectud de un número relevante de mujeres españolas.

No en vano hay que recordar que cuando se estableció la pensión de viudedad en España el modelo de economía familiar se basaba en un hombre que proveía de rentas a la unidad familiar y una mujer dedicada a la atención y cuidado de los hijos. Afortunadamente todo ha cambiado y, de suyo, es que con el tiempo el mix de prestaciones de jubilación también cambie. Indudablemente, dentro de 30 años, la inmensa mayoría de las mujeres españolas habrán cotizado de modo suficiente y cobrarán una pensión de jubilación, momento en que la pensión de viudedad ya no constituirá el instrumento útil que hoy representa.

Cuesta entender el discurso negacionista de la desigualdad en ciertos sectores políticos cuando los datos son tercos y materialmente incuestionables: en 2017, la pensión media de las mujeres fue un 30 % inferior a la de los hombres, como revela un estudio reciente de FEDEA (Luisa Fuster), pero con un agravante: de no existir la pensión de viudedad, la brecha de género en la pensión media sería el doble. Si partimos de intervalos de edad, se observa que la desigualdad de género de las pensiones contributivas varía sensiblemente entre las generaciones de pensionistas: la brecha en la pensión media de jubilación es 42 % en 2019 para las mujeres mayores de 75 años y 23 % para las de 65-69 años. Estas diferencias se reducen considerablemente para las generaciones más jóvenes entre 25 y 30 años. 

En términos absolutos, al pensión media de jubilación en 2019 fue de 1.312 euros para los hombres y 858 euros para las mujeres, es decir, un 34 % inferior. En términos presupuestarios, el 70 % del gasto total en pensiones se destina a las de jubilación mientras que el 17 % se destina a viudedad. Allí es nada. Si el análisis se lleva a cabo no solamente sobre la base de decilas de edad sino también por grupos de cotización profesional, se comprueba que existe una importante brecha de género (20 %) en los grupos 4-7 que son los que comprenden los trabajos menos cualificados. 

En la práctica, las españolas se siguen jubilando con historiales laborales más reducidos y participan menos que los hombres en el mercado laboral. En 2018, el número de mujeres cotizantes a la Seguridad Social fue de 6.616.684 y el de hombres, 7.304.370, o lo que es lo mismo, el número de mujeres cotizantes fue un diez por ciento inferior al de los hombres. La brecha, como ha quedado indicado, crece conforme se avanza en percentil de edad: entre 25 y 45 años la brecha se incrementa del 2 % al 9 %, llegando a ser del 15 % para cotizantes de 60 años. Lo mismo se puede decir de las bases de cotización media: en 2018, la de los hombres fue de 1.900 euros frente a las 1.600 euros de la de las mujeres. 

En otro orden, si se examina el estado de la cuestión en clave internacional, mientras en países como Francia, Alemania o Bélgica el gasto en pensiones de viudedad ha disminuido a lo largo de los últimos treinta años, en España ha crecido en este periodo, al punto de que somos el país de la OCDE con mayor gasto en pensiones respecto a PIB (2,3 %).

Que el gasto en pensiones de viudedad haya crecido en España se debe a dos razones esencialmente: por un lado, por la extensión subjetiva de la cobertura legal de la pensión a otros grupos demográficos (hombres, parejas de hecho), y, de otra parte, porque la esperanza de vida de las mujeres en nuestro país ha crecido de una manera sensible. Así, mientras en otros países europeos se han aprobado reformas para limitar el gasto (pension splitting en Alemania, por ejemplo) y garantizar la sostenibilidad del sistema, en España se ha mantenido el sistema con apenas variaciones. La propia evolución de la estructura de género del mercado laboral marcará el camino, en su caso, de las futuras reformas en Europa. Pero también en España. 

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