¿A qué clase socioeconómica perteneces?

¿Sabrías decir cuál es tu clase social? ¿Alta? ¿Media? ¿Trabajadora? ¿Qué criterios seguirías para identificarla?

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Si te preguntasen a qué clase social perteneces, ¿tendrías claro qué responder? ¿Clase trabajadora? ¿Clase alta? ¿Clase media a secas? ¿Qué criterios crees que te llevarían a decantarte por una u otra? Y, para empezar, ¿sabrías entre cuáles elegir en pleno siglo XXI y en un país como España?

Quizá pueda parecer que este tiempo se ha convertido en el de “la clase media” por antonomasia. El sentimiento de pertenencia a una clase socioeconómica determinada se ha ido diluyendo a medida que la sociedad industrial ha avanzado hacia un modelo más enfocado a los servicios y las nuevas profesiones de corte posmaterialista. Antes era más fácil: quienes iban a trabajar a las fábricas eran los obreros; los dueños de las mismas, los patrones.

Pero en el actual estadio socioeconómico en que nos encontramos, existen casi tantas casuísticas en el ámbito laboral como personas: grandes empresarios, pequeños autónomos, funcionariado, asalariados, becarios, amas de casa, etc. Si la clase a la que pertenecemos ya no depende de si tenemos o no un negocio en propiedad, ¿cómo nos ubicamos? ¿Tendrá que ver únicamente con la cuantía de salario que ingresamos todos los meses? ¿Cambia nuestra clase en aquellos periodos en los que ganamos menos dinero, o en los que ganamos más?

Antes era más fácil: quienes iban a trabajar a las fábricas eran los obreros; los dueños de las mismas, los patrones

Elsa Santamaría, profesora en la Universidad Oberta de Catalunya y experta en sociología del trabajo, explica que las clases sociales son “categorías, una construcción social que depende de lo que en cada momento histórico tenga más relevancia”.  “La ocupación laboral ha sido central en la definición de clase, pero, con los cambios acontecidos en el empleo y en el mercado laboral, ha ido perdiendo peso y el acceso al consumo está tomando mayor protagonismo”, desarrolla.

Santamaría diferencia dos tipos de variables que influyen a la hora de identificar nuestra clase social: objetivas y subjetivas. Las de carácter objetivo se refieren al nivel de ingresos económicos individuales y familiares, la propiedad de bienes materiales, el acceso a bienes de consumo, la ocupación laboral, el nivel de estudios alcanzado o el lugar de residencia, entre otros. Las variables subjetivas serían el sentimiento de pertenencia o auto-identificación: por ejemplo, alguien que se considera de clase trabajadora podría priorizar el ahorro de su salario frente a una persona que, percibiendo los mismos ingresos pero considerándose de clase media-alta, decide invertirlos en vestir ciertas marcas de ropa o realizar viajes. En cualquier caso, ambos tipos de variable acaban influyendo unas en otras hasta llegar incluso a diluirse.

Dinero, amigos, familia y educación

El sociólogo francés Pierre Bourdieu estableció en la segunda mitad del siglo XX una clasificación operativa del tipo de capital que cada persona podía poseer:

  1. El capital económico, aquel directamente convertible en dinero.
  2. El capital social, que se refiere a cómo los círculos de personas –familia o amigos- de nuestro entorno y sus influencias pueden facilitarnos el alcanzar ese capital económico y garantizarnos ciertas redes de seguridad.
  3. El capital cultural, ligado al nivel de estudios, el conocimiento adquirido y los títulos académicos obtenidos.
  4. El capital simbólico, que se referiría a la capacidad de cada uno para transformar los otros tipos de capital en algo de valor.

Por ejemplo, una persona sin ingresos no tiene por qué ser inmediatamente reconocida como pobre o de clase baja. Podría tener a su alrededor un cónyuge o una familia con recursos suficientes como para gozar de una muy buena vida u obtener un título universitario que le permitiera incorporarse al mundo laboral y ganar mucho dinero si así lo decidiera. Tampoco es lo mismo ganar 1.000 euros netos al mes poseyendo una vivienda en propiedad que pertenecía a tu abuela, que teniendo que pagar 700 euros por el alquiler de un piso. Ni es igual la situación del CEO de una empresa ganando 100.000 euros mensuales asegurados y qué está acostumbrado a sacarles rédito, que tener la suerte de que te toquen 1.200.000 euros en la lotería pero no conocer a nadie que te asesore sobre cómo gestionar ese dinero y que al poco tiempo te arruines sin haber modificado sustancialmente tu calidad de vida y la de tus hijos e hijas.

Según Bourdieu, existen el capital económico, el social, el cultural y el simbólico

Por eso, en términos puramente económicos, “pertenecer a una clase social elevada podría tener que ver con un nivel económico bueno, que dependerá de dos variables que habría que conjugar la renta y del patrimonio”, expone Luis del Amo, secretario técnico del Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF) del Consejo General de Economistas. Sin embargo, Del Amo puntualiza que “puede haber alguien que tenga muy poca renta pero un patrimonio brutal y se lo vaya consumiendo para vivir muy bien”.

Asimismo, y a pesar de lo que se conoce como “movilidad social” (la capacidad para subir o bajar de clase social a lo largo de la propia vida), la mayoría de estos capitales están interconectados y suelen tener una parte heredada que, desde el primer día, marcará la facilidad o dificultad que puede tener alguien a la hora de lograr disponer de dichos recursos.

¿Cuánto importa cuánto ganas?

El capital económico es aun así un factor importante a la hora de reconocerse en una u otra clase social, por lo que, ¿podría hablarse de “clase media” si se entendiera esta como la situada en los rangos de ingresos más comunes de una sociedad?

En el barómetro que publica el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se encuentran varios datos interesantes a este respecto. El CIS incluye un apartado en el que pide a los encuestados que identifiquen la clase a la que creen pertenecer: clase alta y media alta, clase media-media, clase media-baja, clase trabajadora/obrera/proletariado y clase baja/pobre.

A esta autoubicación, que no atiende a criterios más allá de que cada uno pueda considerar, se le denomina “identificación subjetiva de clase”, directamente vinculada a las variables subjetivas mencionadas antes. Y, por ejemplo, en el barómetro de enero de 2020, hasta el 15,4% de quienes se identificaban como clase alta o media-alta reconocía no percibir ingresos propios de ningún tipo.

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Barómetro CIS de Enero 2020

En el caso del CIS, más de una cuarta parte de los encuestados (26,7%) ingresaba entre 901 y 1.800 euros netos al mes. Y según los datos relativos al IRPF y a la declaración de la renta que ofrece la Agencia Tributaria, cerca de una de cada cuatro personas se hallan en el tramo correspondiente a los 12.000-21.000 euros al año.

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Importe en euros. / Agencia Tributaria

¿Cuánto dinero entra en tu casa?

Para ir un poco más allá, deberíamos fijarnos en otro dato esencial: el dinero que aterriza, no ya en el bolsillo de cada persona, sino dentro de tu casa. “Son los ingresos medios como unidad familiar los que tienen un peso mayor en la definición de clase social”, matiza Elsa Santamaría.

De hecho, de los autoubicados en la clase alta y media alta, nadie afirma que los ingresos de su unidad familiar sean igual a 0, y cerca del 60%  de la autopercibida clase media-baja se halla por debajo de los 2.400 euros. Además, un cuarto de los hogares percibe por parte de todos sus miembros entre 1.201 y 2.400 euros netos al mes.

Santamaría incide en que “en un sistema como en el que vivimos, con un importante peso de la familia en el sostenimiento económico, muchas personas que se sitúan fuera del umbral de la pobreza precisamente por formar parte de un hogar”. Y alerta de que “nos movemos en una tendencia hacia sociedades cada vez más individualizadas y el riesgo de pobreza o ausencia de bienestar es más alto para las personas que viven solas que para los hogares”.

Aun así, para la socióloga lo importante de las clases sociales “no es tanto cómo se miden o cuántas existen, sino las relaciones que se establecen entre ellas”. Y es, como puntualiza, “la distancia en las condiciones de vida que se da entre las clases altas y las bajas es cada vez más pronunciada, lo que genera altas dosis de desigualdad social”.

Paola Aragón Pérez

Paola Aragón Pérez

Estudió Periodismo y tiene un Máster en Análisis Político. Especializada en Economía Feminista y Políticas Públicas.

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