El coronavirus deja a los artistas ''en pelotas''

La crisis sanitaria del COVID-19 ha llevado a la cancelación masiva de espectáculos y eventos por toda España. Los trabajadores de este sector, ya de por sí precarizado, no saben qué hacer para llegar a final de mes.

Tequila
El cantante Alejo Stivel de Tequila, una de las bandas que ha visto cancelados sus conciertos. / GTRES

“Los artistas nos hemos quedado literalmente en pelotas”. David (30 años) tiene dos trabajos: es profesor como actividad secundaria, pero, principalmente, se dedica a la música. Está de gira con un grupo muy reconocido cuyo nombre prefiere que no aparezca y con quienes tenía acordados entre dos y tres conciertos todos los fines de semanas de este mes. Ahora, con el coronavirus, le han cancelado todos. Once en total.

Las medidas que han ido progresivamente adoptando los diferentes niveles de la Administración para contener la expansión del COVID-19 han llevado al cierre de bares y restaurantes, de todos los centros de estudios, de museos y centros culturales y a la cancelación de eventos y espectáculos. Hasta culminar con la declaración el 13 de marzo del estado de alarma por parte del Gobierno de Pedro Sánchez. Algunas de las cancelaciones más sonadas han sido los conciertos de Amaral o Tequila, ambos en el Wizink Center madrileño, pero también ha sucedido lo mismo con salas pequeñas, teatros o festivales más minoritarios.

Algunas de las cancelaciones más sonadas han sido los conciertos de Amaral o Tequila, ambos en el Wizink Center madrileño, pero también ha sucedido lo mismo con salas pequeñas, teatros o festivales más minoritarios.

La consecuencia para David es que va a dejar de percibir hasta el 90% de los ingresos con los que contaba. De por sí, estos suelen ser poco o nada constantes. En marzo su previsión era cobrar entre 3.500 y 4.000 euros; para abril, sin embargo, la previsión era de 300. “Esto va aparejado al trabajo que hago, hay temporadas en las que hay muchos eventos y otras en las que menos, pero con el coronavirus las cancelaciones me han coincidido con el mes que iba a ser más fuerte”, lamenta. El problema que ha suscitado esta crisis sanitaria, cuenta, es que quienes se encuentran en situaciones de incertidumbre laboral, como en su caso, han quedado totalmente desprotegidos. Porque David, si no toca, no cobra. Y, aunque esté seis meses tocando regularmente con una banda, con varios bolos por semana, no le hacen un contrato laboral. Tiene que pagar alrededor de 300 euros de cuota de autónomos y factura por concierto. Ahora, además, al haberse cancelado todos ellos, perderá dinero. La cuota de autónomos sigue teniendo que pagarla. El Gobierno ha tomado como medida que, a causa de esta situación excepcional, pueda posponerse el pago de la misma sin intereses. Pero pagarla va a tener que pagarla de todos modos.

“Una crisis de esta características ha pillado a todo el mundo por sorpresa, pero en nuestro sector todos estamos igual: aunque tengamos una continuidad con una banda o con quien sea, no tenemos nunca un sueldo fijo, una compensación por cancelaciones o una remuneración por despido”, cuenta David. “La escuela en la que imparto clases sí me ha dicho que me va a cubrir el sueldo correspondiente a quince días, pero eso no me llega para pagar ni la mitad del alquiler”, relata. “Y a otro compañero músico, programador en una sala y colaborador en una radio, una start up, se le han caído por completo los tres sustentos de los que vive”, añade. Y es que este tipo de historias salen de debajo de las piedras: todos hablan de un amigo, un familiar o un compañero que se acaba de ver en las mismas o peores que ellos.

David es músico y va a dejar de percibir hasta el 90% de los ingresos con los que contaba en uno de los meses más fuertes de trabajo

Cooperativas de artistas y contratos de un solo día

Salvador (28) es violinista profesional, aunque su régimen laboral es un poco diferente. Él no se puede permitir pagar la cuota de autónomos y se ha hecho socio de una cooperativa a través de la que le contratan para trabajar para las salas, empresas o grupos. “A mí la cooperativa me envía un contrato, lo firmo, se lo paso al cliente, que también lo firma, y yo se lo devuelvo a la cooperativa; después, el cliente ingresa la remuneración en la cooperativa y ella me paga a mí”, explica. “En realidad es todo un vacío legal, este tipo de cooperativas surgen a partir de la desesperación de los músicos para intentar hacer frente a nuestra precariedad laboral, porque contratos laborales no nos hacen casi nunca”, afirma. “Como mucho en festivales, que tienen que tener más cuidado con esto, pero normalmente tú vas, tocas, cobras tu caché y te vas”, describe.

Sus ingresos tampoco son constantes y suele hacerse con un colchón durante el verano, tocando en bodas, con su grupo o para otros proyectos de los que le llaman. Este mes de marzo le han cancelado por parte de las salas dos conciertos de su propia banda y otros cuatro que tenía apalabrados con para un proyecto aparte. “Me va a suponer 1.000 euros menos respecto al dinero con el que contaba, porque este era el comienzo de la temporada alta”, concreta.

Y Sandra (24), que es bailarina, está en las mismas. Había empezado recientemente con una empresa de eventos que mueve bailarinas para fiestas y discotecas y de la que recibe el pago en mano, sin contrato. Unas veces al finalizar el trabajo, otras tres semanas más tarde. Es parte también de una compañía que se dedica a hacer tributos de grandes musicales como El Rey León y los teatros les dan de alta en la Seguridad Social antes de la función y de baja cada vez que esta termina. Con este tipo de contratos tampoco va a ingresar nada por las funciones anuladas estos días. "He estado trabajando de bailarina en Japón dos años y acabo de volver a España hace tres meses, así que por ahora tengo un pequeño colchón", señala. "Y quince días no es nada, pero como se alargue durante meses, nuestra vida se para", teme. 

Incertidumbre también fuera del escenario

Pero la situación de vulnerabilidad laboral que cruza el sector y que ha puesto de manifiesto la excepcionalidad de las medidas adoptadas por el coronavirus no solo afecta a los que están encima de los escenarios. Otros muchos trabajadores se han dado de bruces con una incertidumbre parecida. Blanca (25) es fotógrafa y videógrafa de eventos y, como el resto, también necesita compaginar varios trabajos a la vez para llegar a fin de mes. Hace labores de diseñadora, de booker de eventos y estaba en un proyecto para la organización de un festival de música que iba a tener lugar en junio y que ahora, con todo ya programado, no sabe si llegará a salir adelante. Podría darse el caso de que la gente, a causa del pánico, no quiera comprar las entradas. Todavía paga la cuota de autónomos reducida, de 50 euros, pero solo con la cancelación de los eventos en los que estaba implicada como booker, siete en total, va a perder en torno a 250 euros.

Además, su trabajo como fotógrafa es complicado. Ella localiza eventos y conciertos a los que puede acudir por su cuenta, hace las fotos, las sube a redes sociales y si luego a los artistas les gustan, se las compran. La semana del 16 de marzo tenía planeado ir a cinco. Todos ellos cancelados. “A lo mejor de esos cinco sólo consigo que me compren las fotos de uno, pero ese es un dinero que ya me da para comprar lo que voy a comer durante toda la semana siguiente”, cuenta. No poder hacerlo significará unos 120 euros menos para ella. Sumados a los otros 250, calcula, significa la mitad del total de lo que suele ganar. “Voy a intentar aprovechar estos días para montar vídeos que tengo pendientes y vender fotos de eventos pasados, a ver si les interesa comprármelas ahora que se han anulado los próximos y no tendrán nuevas”, dice esperanzada. 

“Voy a intentar aprovechar estos días para montar vídeos que tengo pendientes y vender fotos de eventos pasados

Para más inri, también se han producido directamente despidos de quienes sí habían logrado hacerse con un contrato laboral. Irene (32) es actriz, tiene una compañía de teatro, imparte clases y hacía una semana que la habían contratado como acomodadora en uno de los teatros privados con subvención pública más importantes de Madrid, lo que significa que no depende directamente de lo que ingresa en taquilla. Iba a durar hasta el mes de junio, pero han decretado provisionalmente el fin de temporada y ella se ha ido a la calle. En este mismo centro, hace poco, también estuvo trabajando como actriz en una obra, cobrando por función.

Cuenta que a otros compañeros les han ofrecido cogerse vacaciones y rescindirles el contrato cuando estas acaben. Parece que la intención es volver a contar con ellos cuando las representaciones se retomen, pero durante ese tiempo se quedan sin sueldo y sin opciones. De momento, están en plenas negociaciones con el sindicato para ver qué pueden hacer. “En lo que va de mes ya he perdido alrededor de 1.000 euros y de pronto, en abril, no tengo previsiones de ingresar nada”, añade. “Yo además tuve un problema de corazón y soy grupo de riesgo, tengo que quedarme sí o sí en casa y todos los trabajos que yo puedo desempeñar implican estar en contacto con gente”, relata. 

Y es que, como ponía de relieve Blanca, la fotógrafa, “algunos piensan que, aunque te quedes en casa, la vida continúa, y para nosotros no es así; no puedes teletrabajar un evento, este sector es más vulnerable que otros”, asevera.

Paola Aragón Pérez

Paola Aragón Pérez

Estudió Periodismo y tiene un Máster en Análisis Político. Especializada en Economía Feminista y Políticas Públicas.

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