Entrevista con Mónica Melle

''El teletrabajo no es la panacea de la conciliación''

La profesora de Economía Financiera en la UCM y miembro de Economistas Frente a la Crisis, tumba los mitos sobre el teletrabajo y ofrece su visión sobre cómo implementarlo para que genere más ventajas que inconvenientes.

Teletrabajo
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El teletrabajo es una realidad cada vez más frecuente en los países europeos, pero España continúa estando a la cola de la lista. Según datos de Eurostat, solo el 7% de los empleados del país realizan su actividad a través de este modelo, y únicamente el 3% lo hacía con regularidad. Mientras tanto, en países como Suecia, la cifra asciende hasta el 33%, en Islandia hasta el 32%, y en los Países Bajos, hasta el 36%. Los tres copan el podio del teletrabajo en Europa, pero por encima de los españoles quedan también sus vecinos Francia (21%) y Portugal (15%), entre otros muchos.

Un estudio publicado por la empresa de Recursos Humanos Randstad, sin embargo, indica que el 68,6% de los españoles quiere trabajar, pero su empresa no se lo permite. Los números se concentran entre los más jóvenes: por grupos de edad, los que más solicitan este tipo de medidas (el 78%) tienen entre 25 y 45 años, seguidos de los menores de 25 años (64%), y, por último, los mayores de 45 años (58%).

A su vez, la crisis sanitaria del COVID-19 ha llevado ineludiblemente a muchas compañías a tener que implementar de forma repentina el teletrabajo entre sus plantillas, y la mayoría se ha topado con ciertos escollos a los que hacer frente para que no repercuta de forma negativa sobre sí mismas y sobre sus empleados

Pero, ¿es el teletrabajo tan beneficioso como se cree? ¿Cuáles son los riesgos que implica y cuál es la mejor manera de hacerles frente?

Mónica Melle, profesora titular de Economía Financiera en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de Economistas Frente a la Crisis, formó parte del equipo que desarrolló un proyecto piloto sobre la implementación del teletrabajo entre los empleados públicos del ya desaparecido Ministerio de Administraciones Públicas, del que fue subdirectora General de Análisis Económico de las CC.AA. entre 2005 y 2007. Años después de su experiencia, resuelve para Muy Negocios&Economía muchas de las posibles dudas.

El teletrabajo es beneficioso. ¿Mito o realidad?

Mónica Melle
La economista Mónica Melle / LinkedIn

Mi postura inicial es que el teletrabajo es beneficioso. Sobre todo porque cambia la forma de evaluar el trabajo, propone un modelo más eficiente: pasa de hacerlo en función del tiempo y las horas dedicadas a evaluar el cumplimiento de objetivos y la consecución de resultados. Así, el empleado conoce bien qué tiene que hacer y el empleador consigue un mayor rendimiento y productividad. Eso sí, requiere un trabajo previo para este último que implica marcar muy bien qué se le va a requerir al empleado, así como el llevar a cabo una supervisión y un control mayores. Al trabajador le da autonomía para organizarse, le da libertad y le permite hacer las cosas cuando le venga bien, lo cual es positivo para la conciliación con la vida personal y familiar. En este sentido, puede mejorar la satisfacción del personal. Pero la primera dificultad surge porque no todo está tan bien establecido en cuanto a la tecnología y los medios. Existen ya programas informáticos adaptados y tenemos la conectividad suficiente, pero muchas empresas aún no disponen aún de los medios para hacerlo, sobre todo en España.

Sobre la medición por objetivos, ¿no genera controversia que un trabajador acabe cobrando lo mismo que otro habiéndole dedicado muchas más horas a su labor?

Es que esto requeriría un cambio de paradigma total. Ya vamos hacia una tendencia que implica que una parte del salario no sea base, sino que sea variable en función de ese cumplimiento de objetivos. Esto mejora la productividad y es más justo. Además, va en línea con la digitalización, la robotización y la reducción de jornada, que en muchos países se ha establecido ya en cuatro días. Cada vez va a ser menos importante el tiempo que dedicamos, sobre todo en los trabajos que son susceptibles de implementar estos métodos, que además son los que tienen mayor valor añadido. Otros más manuales o físicos, como los trabajos de cuidados –asistencia a personas mayores o personas dependientes, o la limpieza, por ejemplo- no hay forma de teletrabajarlos y seguirán evaluándose en función de las horas.

Teletrabajo
Elaboración propia a partir de datos de Buffer Survey.

¿Y no es negativo para los trabajadores? ¿Les somete a presión?

Bueno, a los sindicatos no siempre les ha gustado este modelo, porque implica una diferenciación. Pero yo no lo veo mal, porque también es injusto lo contrario, obviar el rendimiento. Provoca una falta de motivación. Si piensas que da igual que lo que hagas esté mejor o peor, porque tu salario va a seguir siendo el mismo… .

Un modelo basado en tener que ser productivos, ¿puede acarrear que se pierda el control sobre los horarios y no se sepa cuándo parar?

Ese riesgo existe, pero las empresas que llevan teletrabajando desde hace tiempo han incluido mecanismos para prevenirlo, como que las plataformas o gestores tengan un tiempo límite durante el cual puedes estar conectado. Al final, forma parte de la prevención de riesgos laborales, el no desconectar. Ni es conveniente, ni es positivo: la idea no es que acabemos teletrabajando 24 horas.

Y en esa dirección existen otros problemas, como el hecho de que trabajar en casa ocasiona un gasto en luz, calefacción, etcétera que debe incorporarse en los convenios. A la vez, se reducen los gastos de movilidad para el trabajador, así como los de la estructura fija de la propia empresa, pero sí ocurre que el empleado acaba pagando muchos gastos que normalmente pagaría la compañía. Todo esto debe estar muy bien contemplado para que el teletrabajo sea positivo.

¿Trabajar desde casa lleva a la individualización y desmovilización colectiva?

Efectivamente, uno de sus riesgos es el aislamiento y la desvinculación de la propia empresa. La manera de paliar esto es instaurar un modelo que no se base exclusivamente en el teletrabajo, eso sería lo óptimo. Habría que combinar, por ejemplo, dos días de teletrabajo a la semana con otros tres de trabajo presencial, lo que serviría para mantener esa relación entre los trabajadores, esa fuerza común. Está demostrado que es necesario el trabajo en equipo, el contrastar opiniones. Pero es que ese riesgo lo estamos corriendo ya, incluso, sin teletrabajo. El número de freelance y de trabajadores autónomos dependientes está despuntando, mientras que el de trabajadores por cuenta ajena cada vez disminuye más. La relación laboral tiende al individualismo y esa colectividad, necesaria a la hora de reivindicar y defender sus derechos frente al empresario, se pierde. Se pueden mantener reuniones virtuales, pero no es lo mismo. Por eso no es bueno que el teletrabajo se instale de forma permanente, lo ideal es combinarlo.

Si trabajas desde casa, ¿puede ser peligroso no separar los espacios, el lugar en el que trabajas del lugar en el que vives?

Eso depende mucho de las capacidades de cada uno. Si tienes una casa grande, es más fácil habilitar un espacio dedicado exclusivamente a trabajar, lo cual es fundamental. Hay que separar. Para quien no ha teletrabajado nunca y no tiene ni una mesa, ni un despacho, implica un cambio profundo del concepto de la vivienda.Compartir el espacio con la familia puede acarrear un problema de concentración y, por el otro lado, es imprescindible desconectar. Uno tiene que mentalizarse de que, cuando se sienta al ordenador, está en su trabajo, y que cuando cierra la sesión, se acabó. Aun así, insisto en que no puede ser una dinámica permanente. 

Teletrabajo
Elaboración propia a partir de datos de Buffer Survey.

¿Es otro inconveniente la conocida como brecha digital?

La brecha digital nfluye mucho, hay trabajadores de cincuenta años que no tienen las herramientas necesarias. Los nativos digitales no van a tener este problema, pero todavía muchos trabajadores sí lo sufren. Están teniendo que aprender a manejarse en estos entornos ahora, pero está bien tomárselo como que, al final, de la necesidad nace la virtud. Pasó lo mismo cuando se introdujo el correo electrónico y la gente todavía usaba el fax. Este tipo de cosas hay que empezar a hacerlas en algún momento porque al final las ventajas son mayores que los inconvenientes.

¿Es verdaderamente útil para la conciliación? ¿Debe complementarse con otras medidas?

El teletrabajo por sí solo no es suficiente. La conciliación es un tema social y cultural que requiere de un cambio educacional importante para entender que los cuidados no son un asunto de las mujeres, que acaban realizando dobles y triples jornadas. Hay que hablar de corresponsabilidad. Y esto, con el teletrabajo, no se soluciona. A lo que sí ayuda este formato es a organizarse mejor el tiempo, a gestionar asuntos puntuales, como el poder ir a buscar a tu hijo al colegio sin que suponga una odisea. Te da flexibilidad, un respiro. Pero no, el teletrabajo no es la panacea de la conciliación. Hay que complementarlo con otro tipo de medidas, como las reducciones de jornadas, y hace falta que los hombres también hagan uso de estas herramientas.

Entonces, la idea con el teletrabajo no es que las empresas externalicen sus servicios, ni que se desentiendan de sus empleados.

Claro, el camino es seguir con trabajadores propios, en plantilla. Y combinar, como he dicho, días de teletrabajo con días de trabajo presencial. Ese es el modelo implementado en muchas empresas nórdicas y funciona muy bien, potencia las ventajas y evita los inconvenientes de los que hemos estado hablando.

Paola Aragón Pérez

Paola Aragón Pérez

Estudió Periodismo y tiene un Máster en Análisis Político. Especializada en Economía Feminista y Políticas Públicas.

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