¿Están realmente en peligro las pensiones en España?

El envejecimiento de la población amenaza el sistema.

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La viabilidad y continuidad de las pensiones es un debate que de manera recurrente vuelve a abrir las portadas y los informativos de los principales medios de comunicación. Desde hace ya varios años, se está poniendo el foco en el aumento de la edad en la que podremos jubilarnos y cobrar nuestra pensión, algo que crea mucha controversia, ya que no todos los puestos de trabajo pueden soportar que un empleado lo ocupe hasta más allá de los 65 años.

El pasado 1 de julio, tango el Gobierno como la patronal y los sindicatos se pusieron de acuerdo para acometer otra reforma del sistema público de pensiones, que complementaría a las ya aprobadas de los años 2013 y 2015. Sin embargo, mientras que en reformas anteriores el foco estaba puesto en la universalidad y en que el sistema de retribución y reparto fuese lo más justo posible, en los últimos tiempos ese debate se ha desplazado directamente a la viabilidad económica del sistema.

Las pensiones peligran

La preocupación de la Administración se basa en dos pilares clave: que en España la población cada vez está más envejecida, y la esperanza de vida es cada vez mayor, y que el desempleo entre los jóvenes arroja las cifras más altas de toda Europa.

Ya antes de la crisis económica y financiera de 2008, el futuro de las pensiones españolas era bastante incierto, ya que el propio sistema en sí, el mecanismo cerrado donde las cotizaciones son los ingresos y las propias pensiones los gastos, empezaba a ser deficitario (es decir, había más pensionistas que gente que cotizara). Incluso se llegó a meter dinero prestado en el sistema a través de los Presupuestos Generales del Estado, y se creó el famoso fondo de reserva con el ahorro que se iba obteniendo, lo que popularmente conocemos como la “hucha de las pensiones”.

Sin embargo, la hecatombe llegó en los años 2011 y 2012, los peores de toda la crisis, cuando el nivel de parados rozó los 5 millones y las cotizaciones cayeron a mínimos históricos. Además, muchos salarios dependientes de la Administración pública fueron congelados, y el número de pensionistas creció. Desde entonces, los saldos anuales están marcando una tendencia deficitaria, que podría ocasionar desequilibrios financieros en nuestro sistema de pensiones en un futuro no muy lejano.

Población envejecida

España es un país muy envejecido, donde muchos años el número de fallecidos supera al de nacidos. Esto se traduce en que cada vez hay más jubilados, más pensionistas, y cada vez hay menos jóvenes que coticen y puedan sostener el sistema de pensiones. La previsión es realmente mala a partir del año que viene, cuando empiecen a jubilarse los llamados baby boomers, los nacidos entre 1957 y 1977. Este grupo, según los expertos, aporta una presión demográfica adicional al sistema, que no empezará a relajarse hasta dentro de 25 años.

La última reforma, la de julio, ha intentado volver a los cánones de 2011, donde ya quedó patente que la sostenibilidad pasa por el alargamiento de la edad de jubilación, propuesta ahora para los 67 años, aunque abierta a que se extienda todavía más allá de esa edad.

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