La importancia de caerle bien a tu jefe en una entrevista de trabajo

Según los expertos de la UOC los reclutadores valoran tanto los aspectos de carácter personal y emocional como las competencias técnicas y hay estudios que apuntan que los profesionales con mayor inteligencia emocional son más competentes a la hora de procesar información y tomar decisiones

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En los procesos de selección de personal cada vez se valora más la personalidad de los candidatos. Los jefes no solo van a miran tus estudios y experiencia profesional sino que tienen en cuenta si creen que contigo van a poder trabajar a gusto, tanto ellos como el resto de tus futuros compañeros. 

“El funcionamiento de un equipo depende, en gran medida, de la capacidad de sus miembros para gestionar las emociones”, señala Edgar Breso, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC. Con más de quince años de experiencia formando equipos en todo el mundo, constata que “las empresas contratan a las personas a partir de sus competencias técnicas, pero las despiden por falta de competencias emocionales”. Para este experto, “la inteligencia emocional se está convirtiendo en la competencia laboral clave”. 

“De cara a 2020, las habilidades blandas seguirán jugando un papel fundamental tanto para los candidatos que están buscando un nuevo puesto de trabajo como para los trabajadores que quieran ir más allá en su carrera profesional y seguir creciendo”, añade Llibert Argerich, Vicepresidente de Marketing de Udemy. “El mercado laboral actual requiere de una actitud de constante actualización de las habilidades. Lo que sabemos o dominamos hoy es posible que se quede desactualizado u obsoleto mañana, por lo que esta mentalidad debe ser el patrón a seguir”.

Breso alerta, sin embargo, de que cuando hablamos de inteligencia emocional solemos centrarnos únicamente en una de sus ramas: la gestión emocional. Sin embargo, saber gestionar las emociones no es lo único que tiene que hacer una persona inteligente emocionalmente. También hay que saber interpretar las emociones de los demás. Y este es un aspecto clave en una entrevista de trabajo: “La variable que nos ayudará a demostrar al entrevistador que somos competentes en este ámbito es la percepción emocional, es decir, la capacidad que tengamos para leer las emociones de nuestro interlocutor, porque solo así seremos capaces de adaptar o gestionar nuestras propias emociones y tener éxito”, expone el profesor colaborador de la UOC. 

Inteligencia emocional y ‘soft skills’

En el estudio Tendencias en el entorno laboral 2020: las habilidades del futuro, Udemy destaca que a la hora de hablar de inteligencia emocional que “los empleados con don de gentes, empatía y dotes de comunicación tienen más probabilidades de tener éxito, especialmente en campos como las ventas, el servicio al cliente o la gestión”. 

Por su parte, Mireia Cabero, profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, opina que “cada vez se ponen más en valor las habilidades blandas (soft skills) en los procesos de selección por competencias”. “Sabemos que las competencias técnicas deben ir acompañadas de las emocionales para poder proporcionar un alto rendimiento. Por lo tanto, una entrevista de trabajo es un pequeño laboratorio para corroborar si la persona tiene la competencia emocional que su puesto de trabajo necesita”. 

Y no solo los reclutadores valoran las competencias emocionales a la hora de seleccionar trabajadores para la empresa. Según un estudio, el 71 % de los trabajadores valoran más la inteligencia emocional que el coeficiente intelectual. 

El bienestar emocional, clave para el éxito profesional

Un trabajador con inteligencia emocional será una persona “empática” que sabrá “entender mejor las necesidades y las conductas de sus compañeros, clientes, proveedores, etc.”, coincide Breso. Y no solo eso, sino que también será “más competente a la hora de procesar información y tomar decisiones”, tal como avalan los estudios realizados en el ámbito de las neurociencias. Cabero añade que “el bienestar emocional sustenta el alto rendimiento profesional, porque no es posible que el cerebro racional y creativo trabaje en alto rendimiento si emocionalmente no estamos bien”. 

“Un trabajador que sepa manejar bien sus emociones y leer las de los demás percibirá beneficios interiores, sociales y laborales”, apunta la psicóloga. Los beneficios interiores se traducen en que estará “motivado, disfrutará del día a día en el trabajo y experimentará un estado de bienestar”. Las ganancias sociales serán que aportará “positividad y serenidad, disfrutará del trabajo en equipo, será legitimado y bien recibido por sus compañeros y, en caso de que sea directivo, le será más fácil generar contagio emocional positivo”. En el ámbito laboral, conseguirá “más concentración, más creatividad, más aceptación de los errores, una atención al cliente de más calidad y un rendimiento más alto”, cierra Cabero. 

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