Por qué regalar horas a la empresa es malo para la economía

Pese al control horario, más de la mitad de los trabajadores siguen haciendo horas extra que no se remuneran

El año pasado se aprobó un control obligatorio de horas para las empresas y durante este año los trabajos presenciales han sufrido las restricciones derivadas de la pandemia. Y sin embargo en España sigue habiendo demasiado trabajo que no se paga. La última Encuesta de Población Activa (EPA) revela que durante los tres meses del verano de 2020 se han realizado 2,32 millones de horas semanales que no se han pagado. ¿Y qué significa esto para la economía?

Cronifican el elevado paro estructural de España

Lo primero de todo es que, si las transformamos en trabajos de 40 horas, estas horas no pagadas suponen la no creación de 58.000 puestos de trabajo. Esto supone agravar los problemas de paro estructural en España, que es muy superior al de los países de la media de nuestro entorno. Para hacernos una idea, en los momentos en los que la economía española crecía por encima de la media, la tasa de paro española estaba por encima del 15%, que son cifras intolerables para cualquier otro país. En EE. UU., en esta crisis se han rozado tasas de desempleo del 14,7%, que no se veían desde la Gran Depresión. En España, sin embargo, son cifras que se alcanzan en periodos de bonanza económica.

Ralentizan nuestra economía al frenar la demanda interna

Si pensamos en dinero, el coste de las horas trabajadas es de unos 20 euros en España, así, son 46,4 millones de euros semanales en salarios que no se han pagado a los trabajadores que, más allá del dinero que entra en nuestros bolsillos, es dinero que se sustrae de la economía en general, por lo que hace que disminuya la demanda interna de bienes y servicios (no podemos comprar al no poder pagar) y, por tanto, ralentiza nuestra economía, haciéndola más dependiente del comercio exterior y más vulnerable a crisis como la actual.

Desgasta a nuestro sistema de protección social

Por otro lado, es trabajo que, al no pagarse, no se cotiza en la Seguridad Social, ni se pagan los correspondientes impuestos, por lo cual se resta dinero al fondo de las pensiones, a las prestaciones por desempleo y al dinero que se usa para mantener los ERTE, tan necesarios para no destruir empleo durante crisis como la actual.

Disminuyen la productividad y son competencia desleal

Pero no sólo eso. El exceso de horas trabajadas no aumenta la productividad de la economía; al contrario: a mayor número de horas trabajadas, menor es la productividad por empleado, lo que supone menos ingresos para la empresa que cree estar ahorrando al sobrecargar de horas a sus empleados.

Es más, el uso sistemático de horas extras impagadas es síntoma de deficiencias organizativas, lo cual resta viabilidad a medio y largo plazo a la empresa que lo pone en práctica y es un lastre para su crecimiento futuro. Y a corto plazo supone hacer competencia desleal a las compañías que sí que cumplen con la retribución de horas y las limitaciones de jornada que marcan la ley y los convenios colectivos.

Son un problema sanitario

Además, según datos de la Seguridad Social, las jornadas abusivas y el exceso de horas trabajadas terminan desembocando invariablemente en problemas de salud, lo cual resta aún más productividad a esas horas y aumenta las posibilidades de que los trabajadores terminen causando baja médica.
 
Así, el exceso de horas, que se percibe como algo “normal” en nuestro entorno y un síntoma de dedicación y de productividad, terminan siendo todo lo contrario, al causar un efecto diferente al que, en apariencia, se busca. Por hacer un símil, el uso sistemático de horas extra impagadas es como pretender acelerar el coche sin quitar el freno de mano, lo cual puede hacer que el coche se mueva, pero termina fastidiando el motor y nunca más hará más rápidos que nuestros competidores.
 

Carlos Hidalgo

Carlos Hidalgo

Ansioso por aprender. Intento ser periodista. Subproducto cultural del cuñadismo New Age. Antes ha pasado por las redacciones de 'El Plural' y en 'El País'.

Continúa leyendo