¿Qué emplea mejor? ¿Una carrera universitaria o un grado de FP?

La universidad y los grados superiores de la FP compiten en dar una mayor empleabilidad a las personas a quienes forman. ¿Cuál de los dos sistemas es más eficaz? Responden los expertos y los datos.

grado universitario fp
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Luis comenzó el grado en Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid. Al final del segundo año, se dio cuenta de que no le terminaba de convencer. “Con dieciocho años creo que todavía eres joven para saber qué quieres; además, yo fui a la universidad porque era un poco lo que tocaba. Ni siquiera sabía en ese momento que existía eso de los grados superiores”. Luis decidió dejar la universidad y comenzar un grado superior de Producción y Realización Audiovisual de Formación Profesional (FP). Trabaja ahora como fotógrafo y realizador de videoclips, como autónomo. “Es cierto que mis padres me condicionaron un poco: ellos habían ido a la universidad y también desconocían la FP, pero me alegro mucho de mi decisión de cambiar”.

Los datos de la  EPA del tercer trimestre de 2019 muestran que las personas que tienen estudios universitarios o de grado superior de FP son las que sufren menos paro: solo un 8,81 %. Y, en cambio, las personas que solo cuentan con educación primaria tienen una tasa de paro del 25,7 %, y las que tienen solo bachillerato o un grado medio sufren un 14,5 % de paro. En este sentido, el nivel de estudios que ha vivido un mayor aumento en su tasa de empleabilidad no es el de universitarios, sino el de estudios medios. Es decir, la Formación Profesional.

“La FP te forma y te da empleabilidad”, afirma Clara Sanz, responsable de FP del Ministerio de Educación. “Los empresarios hace tiempo que entendieron que los estudiantes de grado medio y de grado superior eran importantes y que estaban altamente cualificados. La idea de que quien hace FP es porque no vale para estudiar es una manera de pensar anticuada. Poco próxima a lo que en verdad es”. La cuestión no es si estudiar una carrera universitaria o un grado de Formación Profesional. Ambos estudios no son incompatibles. El reto pasa por orientar a los jóvenes a que encuentren qué es lo que quieren hacer, en qué ámbito se pueden desarrollar tanto personal como profesionalmente. “Deberían guiarse fundamentalmente por lo que les atrae y despierta curiosidad, lo cual suele ser una buena garantía de éxito en el futuro”, añade Lucila Finkel, catedrática de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

La FP ofrece más empleo

La formación profesional está superando el desprestigio que en el pasado sufría en nuestro país. En los últimos años, ha llevado a cabo una modernización de su oferta de estudios y su conexión con el tejido empresarial. La aplicación del modelo dual, que combina la formación teórica en el aula con las prácticas en empresas, así como el modelo a distancia, han sido claves en su desarrollo. Esto ha tenido como resultado el crecimiento exponencial del número de alumnos que se decantan por la formación profesional. Durante el curso 2019-2020, se matricularon 23.000 alumnos nuevos, de modo que la población de estudiantes en todas sus ramas ascendió a 861.806. Aun así, esta cifra está lejos del resto de países de la OCDE, con una media del 26 % de tasa de escolarización en FP, frente al 12 % de España.

Nico tiene 19 años. Acaba de comenzar un grado superior de Integración Social en un centro concertado de la Comunidad de Madrid. Antes realizó el grado medio de Atención a Personas en Situación de Dependencia. “Desde el primer día tuvimos contacto real con lo que estábamos estudiando. Antes de realizar las prácticas obligatorias, cada viernes acudíamos a una residencia de ancianos. Es ahí donde de verdad aprendes”, dice Nico.

La FP está superando el desprestigio que en el pasado sufría y ha modernizado su oferta y su conexión con las empresas

Este es uno de los principales motivos por los que los jóvenes se decantan por la FP. Adquieren conocimientos técnicos y prácticos en poco tiempo, cada ciclo de grado medio o de grado superior dura dos años, y además cuentan con prácticas formativas en empresas o centros del sector. “Cuando terminé las prácticas del grado medio, en la empresa donde estaba trabajando me ofrecieron quedarme. Yo quería seguir estudiando porque el grado medio se queda un poco corto a nivel académico. Ahora hago el superior y a la vez sigo trabajando en el mismo sitio”, añade Nico.

Muchos alumnos de formación profesional afirman que ese contacto con el mundo laboral fue fundamental a la hora de decantarse por una formación u otra. A menudo, en las universidades, esta formación más práctica no se da, y son muchos los titulados universitarios que saltan al mercado laboral sin ninguna experiencia laboral previa, lo que complica su inserción. “Tengo muchos compañeros de clase que tienen una carrera universitaria. Decidieron meterse en grado superior de FP porque es mucho más práctico y de lo suyo no encontraban nada”, comenta Nico.

Según un estudio de Infoempleo, en España casi la mitad de las ofertas de empleo, el 18% de grado medio y el 25% de grado superior, requerían personas con formación de FP. De hecho, durante 2018, la demanda de estos perfiles superó a los universitarios, que se sitúa en el 38%. Las áreas de FP de grado medio que concentran el mayor número de ofertas son las de administración y gestión, y la de electricidad y electrónica. Durante el año 2018, más del 12% y del 7% de la oferta de empleo, respectivamente, eran para estas dos áreas. El sector de la Industria y la Producción son los sectores que más cualificados en FP requieren. Las profesiones más demandadas son las de técnico de mantenimiento, comerciales y programadores.

Clara Sanz, responsable de FP del Ministerio de Educación, afirma que el principal problema de la FP hoy en día es la falta de plazas: “Hay más gente que se queda fuera de la que entra”. Además, todavía queda camino por recorrer. Países como Alemania, Suiza, Austria o incluso Canadá son ejemplos de éxito de este modelo educativo. “La prioridad pasa por hacer estudios más accesibles, y no solo para los jóvenes, sino para todas las personas que necesiten actualizarse”. Además, se está trabajando en una internacionalización de la FP, con estancias en otros países o dobles titulaciones, con Francia, por ejemplo. “Hay que entender que la FP genera talento” sentencia Sanz.

Las ofertas de empleo de la FP de grado superior son muy similares a las de grado medio. Sin embargo, aparecen entre las que concentran el mayor número de ofertas, las áreas de artes gráficas y química.

Pero la Formación Profesional no solo es una vía rápida para encontrar trabajo. Los ciclos formativos de grado superior a menudo son un puente para luego continuar estudiando en la universidad. En Cataluña, el 21% de los estudiantes universitarios han accedido a través de la FP, según datos de la Guía de FP del Ayuntamiento de Barcelona.

El 21% de los estudiantes universitarios de Cataluña accedieron a la carrera a través de una FP

Este es el caso de Carla, que accedió al grado de Comunicación e Industrias Culturales de la Universidad de Barcelona de esta manera. Carla, en segundo de bachillerato, no logró entrar en la universidad tras haber suspendido una asignatura en junio. En septiembre, ya no había más plazas. Actualmente, si tienes el título de Técnico Superior, es decir, el título que acredita que has estudiado un grado superior, no tienes que realizar la prueba de selectividad para entrar en la Universidad. “En el grado superior obtuve un siete de nota media, realicé dos optativas en la selectividad para subir nota y acabé teniendo un once, lo que me permitió entrar en el grado universitario de sobra”, comenta Carla. 

También sucede lo contrario: estudiantes que primero terminan la universidad y que, al final, su vocación les dirige hacia la FP. Este es el caso de Ana, que estudió ADE y un máster en comercio internacional. Ana estuvo trabajando tres años, uno de ellos en la Cámara de Comercio y otros dos en una gran empresa multinacional. Pero se dio cuenta de que no era lo que realmente quería hacer. Con 26 años decidió dar un giro de 180 º a su carrera profesional y comenzar un ciclo de FP de grado superior de Integración Social. “Me metí en la Universidad por inercia: mi decisión de cambiar fue arriesgada, pues en mi casa les costó entender que quisiera hacer una FP”. Ana está a punto de acabar el grado superior, y aunque es consciente de que sus ingresos trabajando en el ámbito social serán menores que cuando trabajaba en la multinacional, no se arrepiente del cambio.

Las ramas universitarias con mayor empleabilidad son las propias de una sociedad cada vez más digitalizada y automatizada: son las llamadas áreas STEM (Science, Technology, Engineering and Math), es decir, la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Las empresas prácticamente se rifan a los titulados en alguna de estas especialidades. Un joven recién licenciado puede empezar ganando 30.000 euros al año, es decir, bastante más del salario medio de los españoles, que en 2019 fue de 23.645 euros anuales, según el INE. 

Con la llegada del Plan Bolonia, aparecieron muchas titulaciones nuevas que intentan dar cabida tanto a las demandas del mercado, como a los propios intereses de la sociedad. La actual especialización de las titulaciones y las universidades favorece en mayor medida a las ingenierías. La otra rama de estudios que se encuentra en los puestos más altos de empleabilidad es la sanitaria.

Las carreras de medicina, óptica y optometría y farmacia, se encuentran entre las tres titulaciones con mayor inserción laboral. ¿Por qué tanto trabajo para médicos, ópticos y farmacéuticos? Por el envejecimiento de la población: con la edad, tenemos más achaques, vemos peor y tomamos más medicinas. El salario medio de un médico joven no baja de los 34.000 euros, según el Ministerio de Ciencia.

Las titulaciones con menos empleo son los grados en Turismo, Gestión y Administración Pública y el grado en Criminología. Un factor a destacar de esta tabla de empleabilidad es el grado de adecuación entre la formación de los egresados y las tareas que desempeñan. En los egresados de las titulaciones con menor empleabilidad, solamente el 20% de media, en la mayoría de los casos, se dedica a aquello para lo que estudiaron.

La oferta universitaria según datos del Ministerio de Educación en 2018 fue de 2.864 titulaciones de grado diferentes. La universidad española cuenta con más de 1,2 millones de estudiantes matriculados. De hecho, en España el 44 % de los jóvenes entre 25 y 34 años posee un título universitario. Esto nos sitúa en sintonía con el resto de países de la OCDE. “Prueba de ello son tanto el éxito que tienen nuestros estudiantes cuando realizan estancias Erasmus en el extranjero, como la elevada demanda de egresados españoles en distintos países europeos. Esto pone de manifiesto la calidad y competitividad de nuestras enseñanzas”, comenta la profesora Finkel, catedrática de Sociología por la Universidad Complutense de Madrid.

"El desafío es el ajuste entre la formación universitaria y los mercados de trabajo, sin caer en una universidad a la carta de lo que quieren los empresarios", explica el catedrático Luis Enrique Alonso

Entre el año 2000 y 2016 la población en edad de trabajar poseedora de formación universitaria aumentó en un 80% en España, llegando a ser 7,6 millones de personas. “El desafío es el ajuste entre la formación universitaria y los mercados de trabajo, sin caer en una universidad a la carta de lo que quieren los empresarios. La fuerza de las universidades reside en que son generadoras de conocimiento universal, y que luego ese conocimiento puede ser aplicado en todos los ámbitos de la sociedad”, apunta Luis Enrique Alonso, economista y catedrático de Sociología en la Universidad Autónoma de Madrid.

Las titulaciones universitarias que más alumnos acogen son las ingenierías, el grado en Administración y Dirección de Empresas y el grado en Derecho, con más de 100.000 estudiantes matriculados en todas ellas. Las Comunidades Autónomas que concentran mayor número de estudiantes universitarios son Madrid, Cataluña y Andalucía con más de 200.000 alumnos cada una, seguidas de la Comunidad Valenciana, con 123.000 Estas comunidades son las que cuentan con la mayor oferta de grados, ya que algunos solo se imparten en universidades de estas regiones.

Sin embargo, los expertos apuntan a que hay un desbarajuste entre la oferta de grados universitarios y la demanda de empleo de los jóvenes: ello se debe a la propia estructura del mercado de trabajo de España y sus limitaciones. 

Sobrecualificación y sobretitulación

David tiene 27 años y estudió Derecho y Administración de empresas en la Universidad Autónoma de Madrid. Tras haber trabajado en una importante empresa del sector aeroespacial durante tres años después de graduarse, siempre con contratos temporales, ahora se encuentra buscando empleo. “Está costando más de lo que creía, sobre todo establecer el primer contacto con las empresas”.

Como David, hay miles de jóvenes graduados universitarios que se encuentran buscando empleo. Muchos de ellos acabarán desempeñado un trabajo para el que están sobrecualificados o que no tiene nada que ver con los estudios que cursaron. Después de tres meses en búsqueda de empleo activa y tras haber pasado por varios procesos de selección, David sigue sin encontrar nada. “He enviado solicitudes para empleos por los que sabía que estaba más que preparado, pero prefería bajar el listón y asegurarme un puesto. Pero ni así”, afirma.

En España, según un informe de la Fundación BBVA que analiza la inserción laboral de los jóvenes universitarios, se estima que el 35 % de los trabajadores ocupados con estudios superiores tiene sobrecualificación. España ocupa el primer puesto de Europa de este estudio, seguido de Chipre y Turquía. Países como Alemania o Portugal están por debajo del 20 %. Esto quiere decir que existe un desajuste en el nivel formativo y el empleo, que tiene una gran parte de los trabajadores con estudios superiores en nuestro país. Sin embargo, según este informe, es más adecuado hablar de sobretitulación que de sobrecualificación, ya que las competencias de los egresados universitarios, en muchas ocasiones, no difieren de las competencias que puede tener un alumno graduado de educación secundaria postobligatoria en cualquier otro país avanzado.

“Tendríamos que revisar qué está fallando en nuestro país en lo relativo a esas competencias básicas que deberían adquirirse en la educación obligatoria y potenciarse en los niveles postobligatorios”, comenta Lucila Finkel. A pesar de esto, el problema no parece ser la formación de nuestros estudiantes universitarios. Las universidades de España se sitúan en buenas posiciones en los rankings mundiales. “Es importante tener en cuenta que no obedece necesariamente a problemas derivados de la formación, sino a la estructura de nuestro mercado de trabajo”, añade Luis Enrique Alonso. 

Las vías para encontrar trabajo

El Observatorio de Empleabilidad de la Universidad Autónoma de Madrid afirma que, entre sus jóvenes egresados, la principal vía de acceso al primer puesto de trabajo son los contactos personales, seguidos de los portales de empleo y las prácticas formativas. Plataformas como LinkedIn, Infojobs o MiPrimerEmpleo.com sustituyeron hace tiempo a las búsquedas de empleo en las páginas de los periódicos o a la entrega de currículums en mano. Según Adecco, más del 70 % de las ofertas de empleo de las empresas ni siquiera llegan a ver la luz en portales de búsqueda de empleo. Este mercado oscuro de las vacantes laborales viene determinado por el denominado networking.

En contraposición a la realidad universitaria, en la Formación Profesional tanto de grado medio como de grado superior, los centros de trabajo donde se realizan las prácticas formativas son los intermediarios laborales más efectivos, pues muchos estudiantes continúan en esos centros una vez acabadas las prácticas, afirma el Departament d'Educació de la Generalitat de Cataluña.

La inserción laboral de muchos jóvenes graduados parece la asignatura pendiente de la universidad. “La universidad se enfrenta a un proceso de integración social mayor, debe modernizar sus expectativas, sus misiones. Debe integrarse de manera más dinámica entre la sociedad. Existe un cierto ensimismamiento dentro de la universidad que nos aparta del servicio social que somos”, apunta el profesor Luis Enrique Alonso.

La dificultad de la inserción laboral de los jóvenes es un pez que se muerde la cola; las empresas no contratan jóvenes por su falta de experiencia profesional y los jóvenes siguen formándose en busca de mejorar sus expectativas laborales. Esta formación académica continuada sin ir acompañada de una formación laboral puede suponer un problema a largo plazo. “Lo único que se consigue a veces es acumular credenciales. Esas credenciales alejan todavía más a los jóvenes del mundo laboral porque suponen unas aspiraciones mayores. El tema de la sobrecualificación es una consecuencia más de los problemas institucionales del mercado de trabajo español”, comenta Luis Enrique Alonso.

En muchas ocasiones, los estudiantes se matriculan en todo tipo de cursos, másters o postgrados con el único fin de continuar vinculados a los centros universitarios o de estudios, y así poder optar a puestos de trabajo como becarios. Si hacemos un repaso rápido por los portales de búsqueda de empleo, como LinkedIn o Infojobs, la mayoría de las empresas piden estudiantes que puedan firmar convenio con los centros de estudios.

Este es el caso de Marina, que se graduó en junio de este año en el grado en Publicidad, Marketing y Relaciones Públicas, en la universidad privada ESERP Business School. “Estuve cuatro meses buscando trabajo y no encontraba nada. Me di cuenta de que todas las empresas pedían firmar convenio con las universidades. Yo, al haberme graduado ya, no formaba parte de la universidad. Al final me acabé matriculando en un curso online de marketing digital de seis meses por el que pago 350 euros. Ahora estoy trabajando en el departamento comercial de Prisa, con un contrato de prácticas”.

Los estudiantes se matriculan en todo tipo de cursos con el único fin de continuar vinculados a los centros universitarios o de estudios y optar a puestos de trabajo como becarios

Esta fórmula de contratación que se planteó como una medida para mejorar la inserción laboral de los jóvenes, lo único que perpetúa es la precariedad de su situación. “Al final, lo que hacemos es formarnos más, pero no porque lo necesitemos, sino porque tenemos que tener la excusa de estar estudiando para poder acceder al único empleo que se nos ofrece. Es como pagar por empezar a trabajar”, comenta Eduardo Magaldi, portavoz de RUGE, la organización juvenil del sindicato UGT. Esto desemboca en la sobrecualificación comentada anteriormente.

“Esta sobrecualificación genera una fuerte frustración porque la que pensabas que iba a ser tu función en la sociedad se ve rebajada. El discurso dominante era que si hacías eso y acumulabas esa educación ibas a tener un trabajo seguro. Sin embargo, tener un grado no te garantiza inmediatamente el puesto de trabajo”, añade el profesor Alonso.

Esta formación académica continuada requiere más tiempo y también mayor inversión de dinero. La mala situación de empleo y el problema de la inserción laboral acaba generando un desasosiego entre los jóvenes, al no ver sus expectativas cumplidas. Clara Sanz López, Jefa de Formación Profesional del Ministerio de Educación, comenta en conversación con esta revista que “antes, ir a la universidad te garantizaba un bienestar económico y social, que ahora se ha roto. Además, la titulación inicial de un estudiante no será determinante. Vivimos un momento de constante cambio, con un mercado laboral dinámico. Muchas de las profesiones a las que se dedicarán los jóvenes todavía no existen y lo que será clave en este sentido será la capacidad de adaptación del trabajador y no de qué titulación pone en su CV”. Como decía el ensayista Alvin Tofler en su libro El shock del futuro (1970), la nueva dimensión de la educación será enseñar a los estudiantes “cómo aprender, desaprender y reaprender”.

* Este artículo salió publicado en Muy Negocios & Economía 2.

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